viernes, 6 de noviembre de 2009

APRENDIENDO A QUERERSE A SI MISMO



Walter Risso
Grupo Editorial Norma, 2003.


PRESENTACION
Hola amig@s,

Uno de mis compromisos con la divinidad es enseñar y compartir todo lo que he aprendido. No es una locura que mis libros los resuma para mí y para ustedes y los presente como un aporte de Soluna-E. Mi anhelo es que todo lo que me ha servido le sirviera a los demás pero he comprendido que de las principales características de la creación de Dios es la diversidad así que ya no espero que a todos le surta lo que a mi.

“Aprendiendo a quererse a sí mismo” de Walter Risso nos recuerda que todo parte de la idea que tengamos de nosotros mismos, en que etapa de la vida se enraízan en nosotros los complejos, revive el hedonismo como una manera de vivir y da un par de recetas para lograr que todo lo que dice el libro se incorpore a nuestras vidas.

Leemos en uno de los párrafos: “Si te sientes una persona poco interesante y atractiva, darás esa imagen a los demás. En cierta manera, la belleza es una actitud. Los famosos “feos” o “feas-atractivas” son el resultado de una actitud positiva hacia sí mismo. Si te auto compadeces, te compadecerás. Si te tienes lástima, inspirarás pesar. El aspecto físico es sólo uno de los componentes de tu auto imagen Ser bien parecido es uno de los tantos requisitos de la atractibilidad. Pero no es el único. Ni siquiera el más importante de la atracción interpersonal”.

Bástenos la anterior cita para motivar a l@s destinatari@s para seguir leyendo el resumen y disfrutarlo porque imagino que desean ser felices y tener la oportunidad de “Ser Persona”.

Y como siempre: Espero comentarios.

Atentamente,


Periodista, Escritor y Creador de Teatro César Chupina
Embajador Cultural de la Paz


Quererse a si mismo es quizás el hecho más importante que garantiza nuestra supervivencia en un mundo complejo y cada vez más difícil de sobrellevar.

Nuestra civilización intenta inculcar principios tales como respeto al ser humano, el sacrificio, el altruismo, la expresión de amor, el buen trato, la comunicación, etc., pero estos principios están dirigidos al cuidado de otros humanos. El auto respeto, el auto amor, la auto confianza y la auto comunicación no suele tenerse en cuenta.

No solo rechazamos la auto aceptación honesta y franca, no nos importa que sea cierta o no, sino que promulgamos y reforzamos la negación de nuestras virtudes.

El auto elogio, así se tenga razón, producen rechazo y fastidio. Esta política de no hablar bien de uno mismo en público, de no ser exagerado en auto recompensarse, de no darse mucho gusto, de disimular, de gran modestia, etc. termina por convertirse en un valor del que hacemos uso con demasiada frecuencia.

Desgraciadamente, nuestra estructura mental se va formando más sobre la base de la evaluación ajena que en la auto evaluación, y nos hacemos victimas de nuestro propio invento.

La inmunidad al flagelo de la depresión sólo se logra si aprendes a quererte.

Desde pequeños nos enseñan conductas de auto cuidado personal: lavarnos los dientes, bañarnos, cortarnos las uñas, comer, controlar esfínteres y vestirnos. ¿pero qué hay del auto cuidado y de la higiene mental? No se nos enseña a querernos, a gustarnos, a contemplarnos y a confiar en nosotros mismos.

La imagen que tienes de ti mismo no es heredada o genéticamente transmitida. Tal como se desprende de lo dicho hasta ahora, es aprendida.

Así como construyes una representación interna del mundo que te rodea, también construyes teorías y conceptos sobre ti mismo. La relación que estableces con el mundo no sólo te permiten conocer el ambiente, sino también tu comportamiento frente a el.

Estas experiencias de contacto con personas (amigos, padres, maestros) y cosas de tu universo material inmediato desarrollan una idea de cómo eres en realidad. Los fracasos y éxitos, los miedos e inseguridades, las sensaciones físicas, los placeres y disgustos, la manera de enfrentar los problemas, lo que te dicen que eres, lo que no te dicen, los castigos, etc., todo confluye y se organiza en una imagen interna sobre tu propia persona: tu yo o tu auto esquema.

Si crees ser un perdedor, no intentarás ganar.

Los humanos mostramos la tendencia conservadora a confirmar, más que a desconformar, las creencias.

Si configuras un auto esquema negativo, él te acompañará por mucho tiempo si no te esfuerzas en modificarlo.

En resumen. Lo que piensas y sientes acerca de ti mismo es aprendido y almacenado en forma de teorías llamadas auto esquemas. Hay auto esquemas positivos y negativos.

Si tu auto esquema es positivo y no lo alimentas, se desvanecerá. La negación del reconocimiento personal es una forma de autodestrucción.

En los auto esquemas se entrelazan cuatro aspectos fundamentales que son: el Auto concepto (qué piensas de ti mismo), la Auto imagen (qué tanto te gustas), la Autoestima el auto refuerzo (qué tanto te premias) y la Auto eficiencia (qué tanta confianza tienes en ti mismo). Son los cuatro soportes de un buen ego, o los cuatro jinetes del Apocalipsis. Sin fallas en alguno, será suficiente para que tu auto esquema se muestre cojo e inestable.

Pese a que los auto esquemas negativos pueden destruirnos, los humanos mostramos la inexplicable tendencia a conservarlos y alimentarlos.

Esta manera de confirmar la autovaloración negativa, comportándose como si realmente fuera cierto, es muy común. Los psicólogos sociales han llamado a este mecanismo, generalmente inconsciente, profecías autorrealizadas.

Si tu auto esquema está irracionalmente estructurado, distorsionarás la realidad. Te sentirás estúpido pese a ser inteligente, horripilante sin serlo, incapaz siendo capaz y, finalmente, intentarás castigarte por no creerte merecedor de una felicitación.


HACIA UN BUEN AUTOCONCEPTO
Hemos aprendido a echarnos la culpa por casi todo lo que hacemos mal y a dudar de nuestra responsabilidad cuando lo hacemos bien.

La autocrítica es buena y productiva si se hace con cuidado. A corto plazo puede servir para generar nuevas conductas, pero si se utiliza indiscriminada y dogmáticamente, genera estrés y es mortal para nuestro auto concepto.

Algunas personas, por tener un sistema de auto evaluación inadecuado, adquieren el “vicio” de autor rotularse negativamente por todo. En vez de decir: “Me comporté torpemente”, dicen: “Soy torpe”.

El auto castigo ha sido considerado, equívocamente, una forma de producir conductas adecuadas. Una elevada autoexigencia producirá estándares de funcionamiento, altos y rígidos. Sin embargo, si bien es importante mantener niveles de exigencia personal relativa o moderadamente altos para ser competentes, el “cortocircuito” se produce cuando estos niveles son irracionales, demasiado altos e inalcanzables.

“La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar”.
Un nivel exagerado de autoexigencia genera patrones estrictos de auto evaluación.

Si eres demasiado autoexigente y autocrático, utilizarás un estilo dicotómico. Esto quiere decir, de extremos. Las cosas sólo serán blancas o negras buenas o malas.

Absurdo. No hay nada absoluto. Todo depende del cristal con que se mire. Como es de esperarse, si deseas fervientemente el éxito, el poder y el prestigio, temerás al fracaso.

La auto observación negativa, al igual que la auto evaluación y el auto castigo, genera estrés, disminuye el rendimiento, maltrata el ego y a largo plazo, afecta el auto concepto.

El uso de estándares extremadamente rígidos, perfeccionistas e irracionales, aumenta la distancia entre tu y yo (lo que te gustaría hacer o ser) y tu yo real (lo que realmente haces o eres).

Si alguien valientemente toma la difícil decisión de “viajar bien”, la presión social es inexorable y cruel. Si además, la meta no es coincidente con lo valores del grupo de referencia, el nivel de sanción puede llegar a ser realmente intolerable. Aquellos objetivos que se distancian de la producción económica son vistos como sinónimos de vagancia, bohemia o idealismo.

La estabilidad absoluta no existe. Es un invento de los que temen al cambio. Ceñirte ciegamente a los estándares propios o externos es coartar tu libertad de pensar.

Las personas mentalmente rígidas, autocríticas y estrictas consigo mismas son personas normativas. Suelen encerrarse en una cárcel fabricada por ellas mismas y el medio educativo, cuyos barrotes son un conjunto de virtudes y valores no siempre racionales, de los cuales no pueden escapar.

Han puesto tantas condiciones y requisitos para transitar por la vida, que el camino se vuelve demasiado angosto y estrecho para andar cómodamente por el. Ser flexible es sin lugar a dudas, una virtud de las personas inteligentes.

Como una grotesca caricatura, las personas muy autocríticas se colocan una camisa de fuerza para no desquiciarse y el resultado, paradójicamente, es el desajuste psicológico.

Salvando el auto concepto
Trata de ser más flexible, tanto con otros como contigo mismo. No pienses en términos absolutistas: no hay nada totalmente bueno o malo. Las cosas rígidas son menos maleables, no soportan demasiado y se quiebran. Si eres normativo, perfeccionista, intolerante y demasiado conservador, no sabrás qué hacer con la vida. Ella no es así.

Busca a tu alrededor personas a las cuales ya tienes catalogadas y dedícate a cuestionar la etiqueta que ya tienes de ellas.

No rotules a las personas, tú incluido, con totalidades.

Las personas no son, simplemente se comportan. La intransigencia genera odio y malestar.

Permítete no ser tan normativo. Trata de no ser perfeccionista. Convive con el desorden una semana. Piérdele el miedo, pero no te hagas amigo de él.

No rotules, ni te auto rotules. Habla sólo en términos de conductas.

Concéntrate en los matices. Piensa más en las alternativas y las excepciones a la regla.
Escucha a las personas que piensan distinto de ti. Esto no implica que debas necesariamente cambiar de opinión, simplemente escucha. Deja entrar la información y luego decide.

Revisa tus metas y las posibilidades reales para alcanzarlas

Cuando definas alguna meta, también debes definir los escalones o las sub metas. Intenta disfrutar, “paladear” el subir cada peldaño, como si se tratara de una meta por sí misma. No esperes hasta llegar al final para descansar y disfrutar.

No auto observes sólo lo malo No pienses mal de ti. Ejerce el derecho a equivocarte.

Los errores no te hacen mejor o peor, simplemente te curten. Sólo te recuerdan que
eres humano.

La autocrítica moderada, la auto observación objetiva, la auto evaluación constructiva y el tener metas racionalmente altas son conductas necesarias.

Estos procesos no son malos en si mismos, dependen de cómo se utilicen y para dónde apunten. Mal utilizados, de manera rígida, dura, destructiva y compulsiva, afectan el auto concepto. Utilizados adecuadamente sirven como una guía alentadora.

Nuestra cultura pareciera preferir personas psicológicamente perturbadas pero exitosas, a personas psicológicamente sanas, pero fracasadas. Sin embargo, el éxito aquí es secundario.



HACIA UNA BUENA AUTOIMAGEN
Las personas somos crueles con aquéllas que reúnen las características de feas.
Los humanos no toleramos los extremos estadísticos.

Obviamente, no me refiero a las personas que desafortunadamente nacen con malformaciones manifiestas.

Como sea, el aspecto que adopta la estructura molecular de nuestro cuerpo es fuente de atracción o repulsión.

El juicio estético que la cultura da a la apariencia física tiene enormes consecuencias para nuestro futuro. Tal como lo sustentan un número considerable de investigaciones, las opiniones, cualesquiera sean ellas, se ven afectadas por el grado de atractibilidad del observado.

No hay un critico universal de belleza. El patrón ideal de lo que es hermoso se aprende a través de las experiencias personales y sociales del entorno inmediato.

El grupo de referencia y las relaciones que establecemos con las personas son determinantes. Si el grupo que forma el núcleo familiar considera la belleza física como un valor y el niño no reúne las características esperadas de “lindo”, no será aceptado incondicionalmente.

Las familias que hacen de la belleza un don apreciable y fundamental, no sólo crean en el niño la necesidad de ser hermoso, sino que inculcan estándares e ideales inalcanzables de belleza física.

Otro factor que define notoriamente la auto imagen es el éxito alcanzado con el sexo opuesto. Las personas “gustadoras” no suelen tener problemas de auto imagen.

Los adolescentes que fracasan en conseguir pareja generan problemas de auto imagen en un gran porcentaje de casos.

Una de las causas más terribles y devastadoras de la pérdida de auto imagen es la burla. En la temprana infancia, cuando los niños son cruelmente sinceros, comienzan a gestarse los llamados complejos. Por alguna extraña razón, los apodos y los sobrenombres siempre dan donde más duele.

Y aunque se produzca una metamorfosis positiva con los años, es decir, que el defecto desaparezca, la burla deja sus huellas. A veces nos recetamos, sobre todo en la preadolescencia y en la adolescencia, una revisión detallada y crítica de lo que somos físicamente. Pero no lo hacemos con cuidado, somos feroces y desalmados con nosotros(as) mismos(as).

Es increíble la habilidad de algunas personas para detectarse defectos, barritos, arrugas, espinillas, veinte gramos de más o cualquier problema similar. No estoy criticando el cuidado o el arreglo personal, sino la preocupación obsesiva por ser “bello” siempre y a toda hora.

Si la autoafirmación personal gira alrededor de la belleza física, esto no sólo indica una pobre vida interior, sino una muerte prematura.

Resumiendo, el ambiente inmediato en el cual crecemos y las experiencias que en él tenemos sobre nuestra apariencia física determinan el grado de auto aceptación. Los diversos episodios de contacto con otras personas, y más tarde la propia comparación, son almacenadas en la memoria en forma de auto imagen.

La belleza es algo relativo a la época y al lugar. Nadie es dueño de la verdad.

Esto significa que puedes decidir tu propio concepto de lo bello. Es difícil pero vale la pena intentarlo. Así como vestirse bien no implica seguir dócilmente la moda, para gustarte a ti mismo no tienes que utilizar los criterios que vende los medios de comunicación.

Los requisitos sobre tus preferencias son básicamente afectivos. Me gusto porque me gusto. En las cuestiones afectivas, de agrado o desagrado, los “porqué” generalmente sobran y no aportan nada nuevo; por el contrario, confunden. En cuestión de gustos, la lógica sobra.

Cuando se trata de uno mismo, le echamos demasiada cabeza al asunto. Podemos sentirnos atraídos por una persona que no sea bella, pero si se trata de la propia auto imagen somos implacables.

Lo importante, entonces, no es ser bello, sino gustarse a sí mismo. Para lograrlo no es conveniente utilizar criterios rígidos y estrictos.

Las propaganda tienen por objetivo mostrarte cuánto te alejas de la belleza “perfecta”. Ellas te ofrecen un producto para alcanzar ese ideal. Si aceptas pasivamente ese modelo de belleza, terminarás pensando que eres horrible.

Lo correcto sería destacar las cosas que realmente te agradan de ti mismo(a) y no lo que las convenciones establecen como adecuadas. Aprecia lo que realmente te gusta, aunque no coincida con la “onda” general.

Tu cuerpo y el modo en que lo cubras deben gustarte primero a ti.

Vístete, píntate, adelgaza, pero para halagarte, no para halagar.

Recapitulemos lo dicho hasta aquí. La auto imagen es aprendida a través de nuestras experiencias con el ambiente inmediato (amigos, novios, familia, etc.) y del aprendizaje social que hacemos de los medios de comunicación. Por lo general, los niveles de atracción o rechazo, es decir nuestras predilecciones de lo agradable o desagradable, son procesados inconscientemente y en un ámbito puramente afectivo.

Para mejorar la auto imagen
Para salvaguardar tu auto imagen o rescatarla, si es el caso, debes tener en cuenta los siguientes aspectos:

Ø Trata de definir tus propios criterios de lo que es bello o estético.

Ø Trata de ser una persona espontánea y auténtica cuando elijas. Lo atractivo para ti es una elección que solo tú puedes hacer. Arriésgate a ensayar e inventar sobre tu arreglo personal. A la pregunta estúpida: “¿se usa?”, simplemente contesta: “no tengo la menor idea”.

Ø Descarta la perfección física y los criterios estrictos.

Ø No hay un absoluto. Hay niveles de atracción. Disfruta lo que tienes y no te exijas lo imposible.

Ø Descubre y destaca las cosas que te gustan de ti.

Ø Siéntete orgulloso y feliz de tus atributos físicos. No importa si son muchos o pocos, eres afortunado por lo que tienes.


Tu auto imagen se transmite a otros
Si te sientes una persona poco interesante y atractiva, darás esa imagen a los demás. En cierta manera, la belleza es una actitud. Los famosos “feos” o “feas-atractivas” son el resultado de una actitud positiva hacia sí mismo. Si te auto compadeces, te compadecerás. Si te tienes lástima, inspirarás pesar.

El aspecto físico es sólo uno de los componentes de tu auto imagen

Ser bien parecido es uno de los tantos requisitos de la atractibilidad. Pero no es el único. Ni siquiera el más importante de la atracción interpersonal.

Las personas, además de “lindas” o “feas”, pueden ser cálidas, amables, inteligentes, tiernas seductoras, sensuales, interesantes, adecuadas, alegres, afectuosas, graciosas, etc.

no importa qué seas y cómo seas. Si realmente te agradas y gustas, siempre encontrarás alguien que guste de ti

El auto desagrado inmoviliza. Las personas que no se gustan anticipan el rechazo y evitan la gente. Gustarse es abrir los horizontes afectivos. Es arriesgarse y aumentar las probabilidades de conocer gente.


HACIA UNA BUENA AUTOESTIMA
El amor se exterioriza hacia fuera con conductas. Si no expreso el sentimiento positivo, el amor se vuelve algo inconcluso, trunco y descolorido. De manera similar, el amor a uno mismo debe expresarse con comportamientos tangibles, aunque la cultura los vea mal.

Promulgamos el amor al prójimo a los cuatro vientos, repudiamos la agresión y el maltrato a otros, pero se nos permite, y hasta es bien visto, que regateemos, economicemos y midamos las auto expresiones de afecto.

Pensamos que el tiempo mejor aprovechado es el destinado a producir bienes materiales o dinero. No nos interesa producir salud mental.

Es indudable que la cultura no enseña a “perder el tiempo” de manera psicológicamente productiva, esto es, dándonos gusto y contemplándonos.

Es un acto de irresponsabilidad no dedicar tiempo a ti mismo. Quererse a sí mismo, en principio, no debería ser distinto a querer a otros. Cuando amamos a alguien, intentamos hacérselo saber con actos dirigidos a producirle bienestar y satisfacción. De manera similar, debes demostrarte a ti mismo que te quieres con actos dirigidos a producir auto bienestar y autosatisfacción.


Filosofía hedonista
Hedonismo significa placer, satisfacción, regocijo, goce y bienestar. Una filosofía hedonista implica un estilo de vida orientado a buscar el disfrute y a “sacarle el provecho” a las cosas que nos rodean. No expresa, como creen algunos, una conducta irresponsable y descontrolada. Tampoco significa desconocer la importancia de la disciplina y la organización.

Tratar de pasarla lo mejor posible no es sinónimo de vagancia, pereza o donjuanismo.

Entre el extremo del autocontrol excesivo (ascetista) y la búsqueda desenfrenada del placer inmediato (epicureismo), hay un punto intermedio donde es posible el deleite responsable.

Es imposible aprender a quererte a ti mismo si no aceptas vivir intensamente.

Uno de los grandes males del siglo veinte es la escasa capacidad de sentir pasión. No importa hacia qué, la pasión es darle sentido a la vida, es crear un sentimiento de alto grado de fuerza y vigor, es vibrar con energía.

No hace falta subir la montaña más alta del mundo o cruzar a nado el Amazonas. El pleno disfrute se observa también en las cosas cotidianas, como coleccionar escapularios, cultivar rosas, leer, ir al cine, escribir, cocinar, jugar ajedrez, ser radioaficionado, pintar, etc. cualquier cosa que elijas puede convertirse en tu pasión, si trabajas activamente para ello.

El desarrollo de la corteza cerebral y del lenguaje, si bien ha permitido evolucionar en muchos aspectos, nos ha alejado del legado sub cortical emocional de nuestro pasado filogenético en dos factores principales: la conducta de exploración y la sensibilidad emocional.

La exploración es uno de los comportamientos que más garantiza el desarrollo inteligente y el desarrollo emocional de nuestra especie.

La curiosidad es uno de los factores que ha permitido el desarrollo y mantenimiento de la vida en el planeta. Husmear, escudriñar y explorar llevan a una de las mayores satisfacciones: es descubrimiento y la sorpresa.

Lastimosamente, la civilización actual ha ejercido influencias desastrosas sobre nuestra capacidad de búsqueda. El avance tecnológico ha contribuido a la pereza y a la indolencia. Cada día caminamos menos. Nuestra vida ya no depende tanto de la capacidad de exploración. La atrofia del espíritu indagador ha dado paso a la costumbre sedentaria del ocio.

El que busca encuentra. La felicidad no llega a la puerta; hay que salir a buscarla y pelear por ella.

Cuando induzco a mis pacientes a que incrementen su ambiente motivacional, muchos me dicen: “¿y qué hago?”. Yo les contesto: “buscar”. No hay una lista prefabricada sobre qué hacer de bueno con la propia vida.

Si has perdido la capacidad de exploración, debes recuperarla. De otro modo, jamás, podrás acercarte a una filosofía hedonista.

El segundo factor que interfiere con un estilo de vida placentero es la capacidad de sentir.

Los sentidos primarios han sufrido, sin lugar a duda, un adormecimiento. El olfato y el tacto han ido perdiendo importancia adaptativa para nuestra especie.

El sistema de procesamiento humano de la información tiene dos formas de operar. Una es voluntaria o controlada, y la otra automática o no consciente. La primera depende de aquellos estratos más desarrollados del sistema nervioso central (hemisferio izquierdo de la corteza cerebral) y procesa información lógico lingüística.

El sentimiento, a diferencia de los procesos de pensamiento, tiene algunas características que le son propias: es automático (no consciente), requiere menos esfuerzo mental, es inescapable, irrevocable, total, difícil de verbalizar, difícil de explicar y de entender. Cabe señalar que si ambos tipos de procesamiento presentan características distintas, interactúan y se entremezclan permanentemente. Dependiendo del caso, habrá predominio del uno o del otro. Es muy difícil la emoción pura o la lógica pura.

Nuestra cultura, por puro aprendizaje social, privilegia la razón sobre la emoción, es decir, que el cerebro más joven y evolucionado ejerza control sobre el más antiguo.

El tratar de buscar explicaciones “lógicas” a nuestro afecto a veces nos coloca en callejones sin salida y nos perturba. En estos casos, los “porqués” deberían ser reemplazos por los “qué” (qué siento) y los “cómo” (como me siento).

Inclinar la balanza a favor del afecto positivo, buscando nivelar lo emocional y lo racional, no significa eliminar la razón, sino colocar el afecto en el sitio que se merece.

El sentimiento positivo si no es perjudicial para ti o para otros, no necesita explicaciones la gran mayoría de las reacciones afectivas agradable escapan a la razón, son difíciles e verbalizar y de explicar; sólo hay que sentir. Otra causa de la insensibilidad, distinta a los “porqués”

Quizás lo adecuado no sea buscar respuestas a las preguntas, sino saber hacer las preguntas.

Obviamente, la premisa no es, de ninguna manera, dejar de pensar y convertirte en un ser visceral para el resto de la vida.

Otra causa de la insensibilidad, distinta a los “porqués” y a la racionalización computacional, es la creencia de que “no debemos dejarnos llevar por las emociones ni perder el control, ya que es de mal gusto mostrar el lado flaco”.

Muchas personas se “olvidaron de sentir” por haberse enviciado al control.

La represión del sentimiento puede llegar hasta tal punto que el sujeto realmente cree no estar sintiendo nada.

Como resultado obvio, no estoy promulgando la impulsividad ciega e histérica de hablar duro, llorar a toda hora y reírse por nada.

Sentir, en el amplio sentido de la palabra, no es una enfermedad frente a la cual hay que crear inmunidad: es salud física o mental.

Es tan malo el descontrol desenfrenado como el control excesivo.

Puedes sentir lo que se te dé la gana, si no te hace daño y si esto te hace feliz, aunque a ciertos constipados emocionales no les agrade.

Es cierto que algunas emociones son desagradables y nefastas; pero, incluso en los casos donde se hace preciso modificar un sentimiento negativo patológico, el primer paso es aceptar y discriminar su existencia.

“Sentir”, como aquí está planteado, es una manera de investigar y explorar qué te gusta y qué no.

No les pongas tantos requisitos a tus emociones para aceptarlas. Ellas son parte de ti. Sentir es tu condición de ser vivo. Si las niegas o les temes, estarás perdiendo no sólo la capacidad de amarte a ti mismo sino de amar a otros. Aprende a convivir con ellas. Elige las que te convengan y desecha las que no te gusten. Tienes derecho a esta elección.

Un espíritu desinhibido y sin restricciones emocionales indudablemente favorecerá el desarrollo de una sensibilidad aguda y perceptiva, la cual a su vez mejorará la comunicación afectiva y la comprensión de los estados internos.

Si se aprende a disfrutar de la realidad, no es necesario alejarse de ella.
Las siguientes guías de acción pueden servirte para acercarte a un estilo de vida hedonista:

1. Saca tiempo para el disfrute

Tu momento de descanso, tu recreación y tus vacaciones no son un “desperdicio de tiempo”, sino una inversión para tu salud mental.

2. Decide vivir hedonistamente

Ser hedonista no es promulgar la vagancia, la irresponsabilidad o los hábitos o vicios que atenten contra tu salud. Es vivir intensamente y ejercer el derecho a sentirte bien.

3. Explora, busca, indaga

Una vez que decidas darle más importancia al principio del placer, debes comenzar a trabajar para sentirte bien. Tu principal arma es la exploración. No esperes a estar “totalmente seguro” para ensayar cosas nuevas. ¡Arriésgate!

4. No racionalices tanto las emociones agradables

La idea no es negar la importancia del pensamiento. De hecho, tu manera de pensar tiene influencia sobre el tono afectivo (agradabilidad o desagrabilidad) de tus sentimientos. El problema es que si intentas “explicarte” y comprender de manera permanente los sentimientos, los obstruyes irremediablemente.

Hay una tendencia clara a “ubicar” la emoción en categorías conceptuales, juicios de valor y opiniones. Es muy difícil lograr una imagen emocional desprovista de razón.

En definitiva, la mente y la emoción pueden estar juntas, y de hecho así lo hacen. Sin embargo, dependiendo de las situaciones, debe prevalecer una sobre otra. Por ejemplo, en tus decisiones de trabajo, la emoción debe dar paso al razonamiento concienzudo; pero cuando estás haciendo el amor, disfrutando de un paseo escuchando tu música favorita o pasándola bien, los juicios fríos y los “porqués” sobran.

Autoelogio
Una de las características más determinantes y distintivas de los humanos es, sin lugar a duda, la capacidad de reflexionar y pensar sobre uno mismo. Más aun, poseemos el don de ser conscientes de nuestra propia conciencia.

El diálogo interno comienza en la infancia y se desarrolla en la adolescencia. Alrededor de los cinco años, los niños estructuran e internalizan lo que los autores han llamado “lenguaje interno”. Este lenguaje, a medida que el niño crece, va ejerciendo cada vez más dominio sobre los estados emocionales y la conducta, permitiendo su control o liberación, dependiendo de las necesidades del sujeto.

Las autoverbalizaciones poseen la misma facultad de aquellas verbalizaciones que llegan de otros.

Las investigaciones en psicología clínica muestran que muchas patologías se caracterizan por un tipo especial de pensamiento.

Cuando tengas tus diálogos internos, en lo posible que sean positivos pero con una dosis de realismo.

El autoelogio es una manera de hablarte positivamente a ti mismo(a). Es una forma de contemplarte y de reconocer tus actuaciones adecuadas.

La auto estimulación puede ser más poderosa en sus efectos que la felicitación o el elogio que viene de afuera.

Debido a la absurda costumbre cultural de ver el auto castigo y la autocrítica de los comportamientos negativos como una mejor vía de aprendizaje que el auto reforzar las conductas positivas, se ha desarrollado el vicio de focalizar en lo malo.

Definitivamente, el quererse es sospechoso, es síntoma de narcisismo y de suficiencia. El amor dirigido a uno mismo es visto como “egolatría” y el amor dirigido a otros, como “altruismo”. Sin embargo, el quererse también puede ser visto como amor propio y como un acto de dignidad.

Las “razones” a las cuales se apela para negar el autoelogio son varias.

a) “No soy merecedor” o “no fue gran cosa” Típico de las personas que ven la modestia o la subestimación de los logros personales como un acto de entrega y humildad, a la manera de los grandes hidalgos.

b) “Era mi deber” o “era mi obligación” ¡tu principal deber es para contigo! Si tu diálogo interno es el de la obligación absoluta, no te sentirás con el derecho de elogiarte.

c) “Auto elogiarse es de mal gusto". El buen gusto comienza por casa. Auto elogiarse es una necesidad.


Elogios impersonales. Ampliamente fomentados por la cultura de los buenos modales y la etiqueta, son considerados signos de buena educación y diplomacia. Lo que se admira en estos casos son cosas materiales que posee la persona, sin hacer mención a ningún atributo personal y sin involucrarse uno. “Tu camisa es muy linda”, “Tienes una hermosa casa”. “Tu perfume huele muy bien”.

Elogios personales donde se involucra parcialmente a la persona a la cual va dirigido el elogio. “La camisa te queda bien”, “ese peinado te sienta muy bien”,

Elogios dirigidos a ciertas características de la persona. Aquí el compromiso del que dice el halago es mayor. “eres muy inteligente”, como puede verse, el elogio va dirigido a rasgos, valores, características físicas o habilidades do otras personas. Buscar qué cosas te gustan de ti, elógiate y, de paso, agradécete, como te agradecería cualquier persona que recibiera el halago.

Elogios dirigidos a características de la persona donde el dador del elogio se involucra. Muy pocas personas son capaces de dar este tipo de halagos sin sentirse ridículos, nerviosos o inseguros. Aquí el dador dice lo que le produce la persona. ¿Qué hacer para generar la sana costumbre de auto elogiarse? En primer lugar, debes conocerte a través de un procesamiento controlado, es decir, hacerte consciente de tu diálogo interno y repetirte el elogio que te corresponde cuando has alcanzado un logro.

El siguiente método te ayudará a adquirir la sana costumbre de auto elogiarte:
El primer paso consiste en hacerte consciente de cómo te tratas y de lo que te dices a ti mismo. Esto se logra llevando un registro detallado durante una o dos semanas, donde figure el comportamiento susceptible de autoelogio y lo que te dices después de realizarlo.

El segundo paso es estar pendiente, ya sin anotar, de cuando haces algo bien hecho para auto elogiarte. En las etapas iniciales, el autoelogio debe ser en voz alta (a solas) para que te puedas escuchar: “!eso estuvo bien!”, “!genial!”, etc.

El tercer paso consiste en auto administrarte el autoelogio en voz baja, hasta que se convierta en pensamiento.

El cuarto paso es ensayarlo bastante, para que a través de la práctica se afiance y se vuelva automático, como manejar un carro o escribir a máquina.

No lo malgastes. Auto elógiate cuando pienses que vale la pena.

El auto elogio es un arma poderosa que debes cuidar y no usar indiscriminadamente. No malogres su fuerza utilizándolo de manera ciega. Aplícalo a aquellas conductas que valgan la pena y que te hagan crecer como ser humano.

Auto recompensa
Es otra manera de auto expresarte el afecto. La auto recompensa es el proceso por el cual nos auto administramos estímulo positivos. Aunque parezca extraño, algo tan obvio y claro, intrínseco al ser humano, en nuestra cultura se vuelve confuso y enredado.

El culto al ahorro excesivo nos ha llevado a creer que todo aquello que no redunde en plata o en beneficios materiales es una mala inversión.

Irracionalmente, aceptamos convivir con cosas que no queremos o nos disgustan, simplemente porque nos sentimos culpables al salir de ellas.

El espíritu del ahorro es bueno si se hace con prudencia. Ahorrar no debe convertirse en un fin en sí mismo, sino en una actitud previsora.

Tu necesitas la auto recompensa. Al igual que el autoelogio, ella fortalece tu autoestima y no permite el auto castigo, el auto menosprecio y la insatisfacción. Evita que te vuelvas insensible a tus logros. Te enseña a auto expresarte, a ser detallista con tu propia persona y explícito con el propio auto reconocimiento. Tú no eres menos importante que tus amigos o que las otras personas.

Disponer de varias formas de auto recompensa es organizar un ambiente motivacional sano para tu salud mental.

El que sabe quererse deja su marca en todas las cosas. Su territorio esta “diseñado” por el.

No a los cultos
El culto a la habituación te impedirá innovar y descubrir otros mundos.

El culto a la racionalización te convertirá en una especie de computador.

El culto al autocontrol será un dique de contención a todas tus emociones y sentimientos.

El culto a la modestia te llevará a no valorar tus éxitos y esfuerzos.

El culto al ahorro te impedirá darte gustos.

Tal como dije antes, estas creencias no son malas en sí mismas, pero en altas dosis y llevadas al extremo son perjudiciales para tu salud mental.

Deja siempre un espacio para moverte. Que tu tradicionalismo permita algunos cambios, que tu modestia deje escapar un auto reconocimiento, que tu corteza cerebral deje de vez en cuando jugar a las emociones.

Date la libertad y un espacio para moverte, para poder amarte a ti mismo debes darte permisos de vez en cuando.

Sin embargo, estos permisos no deben ser nocivos para tu salud ni para las personas que te rodean. Si así fuera, ésa no sería una manera de quererte o querer a otros. Una filosofía sana, orientada al auto amor, es cuidarte por sobre todas las cosas y no producirte daños. Ningún padre prostituiría a una hija, ni daría drogas a un hijo.

Quererte a ti mismo es contemplarte, cuidarte y expresarte amor de manera responsable, buscando tu crecimiento personal y no tu ruina.

“No al adultísimo” significa reconocer que determinados valores inculcados por nuestra sociedad se han llevado demasiado lejos, y que su ponderación exagerada, en muchas ocasiones, impide fortalecer la autoestima.

HACIA UNA BUENA AUTOESTIMA
Como se vio en la primera parte, el auto concepto puede verse maltratado debido a la trampa de establecer metas irracionalmente altas y a una ambición desmedida.

Sin embargo, no exigirse es tan malo como sobre exigirse. El extremo opuesto lo constituyen aquellas personas cuyas metas son pobres, vacilantes e inseguras, que desfallecen ante el primer obstáculo y se muestran indecisas ante los problemas. Así como la autoexigencia desmedida destruye y castiga el ego, la falta de ambición impide un buen crecimiento del mismo. Los retos y los propios desafíos son el alimento principal con los cuales se nutre el auto concepto. si no posees metas o son demasiado diminutas, tu ego será raquítico y frágil. Si no enfrentas los problemas y no peleas para alcanzar tus metas, tu ego morirá de inanición o se atrofiará.

A la confianza y convicción de que es posible alcanzar los resultados esperados se la denomina auto eficacia. La baja auto eficacia te llevará a pensar que no eres capaz. Es básicamente una opinión afectiva de uno mismo.

La expectativa de éxito no solamente implica, como aparentemente podría pensarse, un análisis racional y frío de las posibilidades objetivas de éxito (expectativas de resultados), sino también la valoración sujetiva de qué tan capaz se siente el sujeto (expectativa de eficacia). Como cualquier creencia, esta última valoración es cuestión de fe y de confianza. La desconfianza en uno mismo barre con las capacidades y habilidades.

Si bien la resignación cumple una función adaptativa para nuestra especie, en el sentido de que nos lleva a economizar fuerzas en situaciones donde es inútil intentarlo, es sumamente nociva cuando se utiliza precipitada e irracionalmente.

Existen varias razones por las cuales las personas se ven a si mismas como incapaces y derrotadas. El control percibido o la percepción de la propia capacidad para modificar las contingencias inadecuadas e inconvenientes, se configura con base en las propias experiencias de éxitos o fracasos y en la manera de procesar esa información.

Las investigaciones en psicología indican que al menos tres factores parecen estar asociados a los problemas de auto eficacia.

La percepción de incontrolabilidad
La imposibilidad de modificar un evento aversivo desarrolla depresión y desconfianza en si mismo. De manera similar, una historia de fracasos que escapen al control del sujeto producirá la percepción de incapacidad, si no se sigue intentando el éxito. La experiencia de incontrolabilidad tiene un efecto demoledor sobre la conducta de lucha en personas poco persistentes

Una mala racha suele ser suficiente para generar sentimientos de inseguridad y depresión. De manera similar, si el fracaso se ve como ineludible, sobrevendrán sentimientos de ineficacia que podrán generalizarse a nuevas situaciones. El sujeto llegará a considerarse inepto para hallar la solución y aunque ésta se le presente como alternativa viable, la descarta por considerarse él mismo incompetente.

Afortunadamente, como veremos más adelante, este panorama desalentador puede modificarse si decides arriesgarte a enfrentar los problemas. Lo que jamás debes perder es tu capacidad de lucha. Hermann Hesse escribió: “para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

El punto control
A veces, el no intentar modificar los eventos nocivos y desagradables se debe a creencias culturalmente aprendidas.

Las personas pueden ser divididas en internas o externas, de acuerdo con el lugar donde ubiquen el control de su conducta. Las personas internas colocan el control de su conducta dentro de ellas mismas. Dirán que ellas guían su conducta y que son las principales responsables de lo que les ocurra. Asumen el destino, no como algo dado desde fuera, sino como algo que deben construir por su propio esfuerzo. No suelen echarle la culpa a otros de los que acontezca con su vida. Son personas seguras.

Por su parte, las personas externas creen que sobre su conducta operan una cantidad de eventos y causas que escapan de su control. Piensan que su comportamiento está gobernado por factores externos a ellas mismas, frente a los cuales no pueden hacer nada.

Suelen ser personas fatalistas y resignadas ante la adversidad. La mayoría de las veces, actuar con un punto de control extremo desemboca en una baja auto eficacia.

La posición que asuma cada uno frente al punto de control está regulada por los aprendizajes sociales, los modelos y el sistema de valores de los grupos familiares y culturales.

La propuesta no es descartar la fe sino ponerla al servicio de tu crecimiento personal. Las creencias deben servirte como fuente de motivación y empuje, no como frenos e impedimentos para alcanzar la felicidad por ti mismo.

Resumiendo, si la creencia de control que posees es externa, tu empeño en alcanzar las cosas que te interesan corren el peligro de debilitarse. Si tienes fe en algo o alguien, que sea un motor y una fuente de convicción de que eres capaz.

Los estilos atribucionales
Cuando estamos ante situaciones de éxito o fracaso, los humanos hacemos interpretaciones sobre las causas del porqué se dio el hecho en cuestión.

Los estilos atribucionales son las tendencias idiosincrásicas que utilizamos los humanos para explicar la propia conducta. O la ajena. Las personas que utilizan un estilo atribucional pesimista y negativo se sentirán responsables de los fracasos pero no de los éxitos. Por su parte, la gente que hace uso de un estilo atribucional racional, optimista y positivo, tenderá a evaluar la situación de manera objetiva y se hará responsable de los fracasos o los éxitos, si realmente es así. El estilo atribucional irracionalmente optimista es tan malo como el pesimista, debido a que el sujeto también distorsionará la realidad, se atribuirá todos los éxitos y le echará la culpa del propio fracaso a los demás. Su auto eficacia no crecerá adecuadamente si no que se inflará como un globo hasta reventar. Salvar la auto eficacia y el auto concepto a costillas de otro. O negando la verdad, no es una salida sana para tu integridad psicológica. Quererte a ti mismo es hacerlo, por sobre todas las cosas, de manera honesta.

Las tres causas mencionadas tiene algo en común: movilizan. Todas terminan disminuyendo la auto eficacia y afectando tus expectativas de éxitos.

Maquiavelo dice: “los fantasmas asustan más de lejos que de cerca”. Eso es verdad. La única manera de vencer el miedo es enfrentarlo. De igual modo. No hay otra forma de solucionar un problema que haciéndole frente. No obstante las ventajas del método, los humanos nos resistimos a pagar el costo de la superación. Optamos por el camino más fácil: el alivio que nos produce la evitación y la postergación.

Enfrentarse a cosas desagradables es incómodo, pero es el precio para modificarlas y vencerlas.

En los trastornos graves de pánico, está comprobado que la mejor estrategia terapéutica es la exposición a la fuente fóbica. En estos casos, cuando el sujeto se somete al miedo, la adrenalina se dispara y produce determinadas reacciones fisiológicas como taquicardia, sudor, cambios de temperaturas, náuseas, mareos, etc. Estas sensaciones son incómodas, pero después de un tiempo disminuyen, se agotan y el organismo se habitúa al objeto temido. Esto se denomina extinción del miedo.

Si quieres superar tus inseguridades, debes ponerte a prueba y exponerte. Debes arriesgarte y someter a contrastación las ideas que tienes de ti mismo. Si haces de la evitación una costumbre, nunca sabrás valorarte.

La baja auto eficacia produce efectos similares a los arriba mencionados. La desconfianza en si mismo genera un amplio repertorio de evitación.

Otra forma de evitación de las personas poco auto eficaces es imponerse metas pobres y resignarse a su suerte de mediocres. La autocompasión es un veneno que mata lentamente. La única opción para conocerte a ti mismo es arriesgarte y ponerte a prueba.

Para vencer la baja auto eficacia hay que actuar con valentía. No hay nada que no puedas lograr si te lo propones. Tu fuerza es siempre mayor de lo que crees.

Hay muchas ocasiones en que es bueno evitar. Lo que me parece difícil es definir cuándo es psicológicamente adecuada y cuándo no.

Es indudable que el escape y la evitación son las mejores opciones cuando el peligro, físico o psicológico, es objetiva y realmente dañino.

Si crees que no eres capaz y te tienes lástima, concédete la oportunidad de demostrarte a ti mismo lo que puedes hacer. El intento será incómodo al principio. Sentirás miedo, dolor y malestar, pero habrá en juego algo mucho más importante que tu estado fisiológico: tu auto concepto. la propia dignidad merece el “sacrificio”


Venciendo la baja auto eficacia
La auto eficacia es la “opinión afectiva” que se tiene sobre la posibilidad de alcanzar determinados resultados, es decir, la confianza de alcanzar las metas exitosamente. Las causas más comunes que contribuyen a que la auto eficacia baje son: ver las cosas como incontrolables. Creer que la propia conducta está regulada más por factores externos que por uno mismo(a), y utilizar un estilo atribucional donde siempre se es responsable de lo malo nunca de lo bueno.

Las siguientes estrategias te permitirán pelear contra la baja auto eficacia o conservarla en un punto adecuado.


1) elimina el “no soy capaz”
Si tratas mal y eres irrespetuoso contigo mismo, tu diálogo obrará como un freno. Respeta tu condición de ser humano; no te menoscabes. Cada vez que te encuentres rumiando el nefasto: “no soy capaz”, aléjalo y expúlsalo de tu mente. Detén el pensamiento, diciéndote: “para”. Cambia de actividad, habla por teléfono, escucha música, canta en voz alta y orienta tu diálogo positivamente.

2) No seas pesimista
Las personas con baja auto eficacia anticipan el futuro negativamente. Si ves venir el fracaso en cada una de tus actuaciones, ni siquiera te provocará intentarlo. Las profecías negativas suelen convertirse en realidad, porque nosotros mismos nos encargamos de se cumplan.

3) No seas fatalista
Eres el arquitecto de tu futuro. En una gran proporción, construyes tu destino. Por lo tanto, tienes el poder de modificar muchas cosas. No veas el mundo como aristotélicamente inmodificable. Quita de tu repertorio verbal la palabra “siempre”.

El pasado no te condena. De hecho, tu presente es el pasado de mañana. Si cambias en el aquí y el ahora, estarás contribuyendo de manera significativa a tu destino. Si haces demasiado hincapié en el azar y la suerte, tu auto eficacia no podrá crecer. Verás obstáculos insalvables por todas partes.


4) Trata de ser realista
Trata de funcionar privilegiando el punto de control interno, pero de manera realista. Se objetivo con tus éxitos y con tus fracasos. Responsabilízate con lo que realmente has tenido que ver.


5) No recuerdes sólo lo malo
La visión negativa de uno mismo se alimenta principalmente de los recuerdos. Si el esquema que tienes de ti es negativo, los recuerdos que llegarán a tu mente serán confirmatorios de este esquema.

Durante algunos minutos al día, intenta activar tu memoria positiva. Descubrirás la existencia de una gran cantidad de buena información acerca de ti mismo que habías olvidado.


6) Revisa tus metas
Si tu auto eficacia es baja, pecarás por defecto y no por exceso (como vimos en la parte de auto concepto). Te estarás subestimando y adaptando las metas a la supuesta incapacidad que percibes en ti mismo.

Revisa tus metas. Muy probablemente pueden estirarse un poco más y hacerse más exigentes, esto no significa que deban crecer exageradamente y de manera inmediata. El proceso lleva su tiempo.

Pregúntate cuántas de tus metas reflejan lo que realmente desearías hacer y cuantas se han adaptado a tu minusvalía psicológica. Cuestiónate qué tan resignado estás. ¿Tus metas actuales muestran confianza o desconfianza en ti mismo?


7) Ponte a prueba y arriésgate
Cuando decidas enfrentar tus miedos e inseguridades, los seis pasos anteriores te ayudarán a no distorsionar la realidad a favor del auto menosprecio. Si tu auto eficacia es baja, ¿Qué podrías perder al intentar nuevos retos?

Un plan que podrías proponerte es el siguiente:
a. Define un objetivo que exija esfuerzo. El objetivo deber ser racional, o con probabilidades razonables de éxitos.
b. Define tus expectativas de manera objetiva, clara y precisa, para que puedas después compararlas con los resultados obtenidos.
c. Antes y durante el enfrentamiento en si, no utilices verbalizaciones inhibitorias.
d. Ponte a prueba
e. Durante el enfrentamiento, no evites. Persiste el mayor tiempo que puedas ante los obstáculos.
f. Compara los resultados con las anticipaciones que habías escrito antes. Intenta descubrir si tus anticipaciones estuvieron guiadas por el fatalismo y/o el pesimismo.
g. Inténtalo de nuevo. Que tu meta aún sea la misma, pero modifica tus anticipaciones. Sé más realista en tus predicciones. Elimina las actitudes catastróficas.


A manera de epílogo
Los caminos para llegar al auto amor son incontables. Tu decides por cuál debes transitar, cuál te agrada y cuál no. Lo que jamás debes perder es la capacidad de búsqueda y de cuestionamiento. No hay verdades absolutas sino propuestas que deben ser ensayadas.

No existe LA SOLUCIÓN, sólo tendencias.

Ser avaro es nocivo para tu salud mental, entonces administra mejor tu dinero. Funcionar con un punto de control externo no es recomendable, entonces inclínate más hacia un punto de control interno.

La propuesta es: desplázate en el sentido contrario al que marcan muchas convenciones, sin caer en el otro extremo. Recuerda que el hombre de éxito en casi cualquier cosa es el que es capaz de caminar un kilómetro más de lo solicitado.

Las metas demasiado altas e inalcanzables son malas para tu auto concepto, pero las metas pobres también.

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