viernes, 6 de noviembre de 2009

PENSAR BIEN, SENTIRSE BIEN


Walter Risso, 2004

PRESENTACION
Hola amig@s,

Uno de mis compromisos con la divinidad es enseñar y compartir todo lo que he aprendido. No es una locura que mis libros los resuma para mí y para ustedes y los presente como un aporte de Soluna-E. Mi anhelo es que todo lo que me ha servido le sirviera a los demás pero he comprendido que de las principales características de la creación de Dios es la diversidad así que ya no espero que a todos le surta lo que a mi.

“Pensar bien, sentirse bien” es realmente una invitación al cambio de paradigmas.… nos habla de profecías autorrealizadas y estrategias de la mente…Detalla en una de sus parte lo que son y cuales son los malos pensamientos, los que nos hacen daño a quienes los tenemos… En otra, nos da los esquemas saludables.

Y cuando se plantea la interrogante de qué nos hace humanos leemos que “Lo que nos hace humanos no es solamente la genética, sino lo social. Fue el haber estado junto a otros seres de tu misma especie lo que desarrollo tu humanidad actual. La vida humana, entendida como vida autoconsiente, es decir, capaz de reconocer a sí misma en el devenir histórico, no es posible sin la presencia de los demás”.

Cada parte tiene una aplicación práctica que sirve para conocerse uno mejor.

Que lo disfruten. Y como siempre: Espero comentarios.

Atentamente,


Periodista, Escritor y Creador de Teatro César Chupina
Embajador Cultural de la Paz



Pensar bien, sentirse bien

Parte I

LA TESTARUDEZ DE LA MENTE Y LA RESISTENCIA AL CAMBIO

La mente humana es perezosa. Se autoperpetúa a si misma, es llevada de su parecer y con una alta propensión al autoengaño. En cierto sentido, creamos el mundo y nos encerramos en el. Vivimos enfrascados en un diálogo interior interminable donde la realidad externa no siempre tiene entrada.

La mente no es un sistema de procesamiento de la información amigable, predecible y fácilmente controlable, como ocurre con muchos computadores; nuestro aparato psicológico tiene intencionalidad, motivos, emoción y expectativas de todo tipo. La mente es egocéntrica, busca sobrevivir a cualquier costo, incluso si el precio es mantenerse en la más absurda irracionalidad.

¿Por qué en determinadas situaciones continuamos defendiendo actitudes negativas y autodestructivas pesar de la evidencia en contra? ¿Por qué permanecemos atados a la irracionalidad pudiendo salirnos de ella?

La mayoría de las personas mostramos una alta resistencia al cambio. Preferimos lo conocido a lo desconocido, puesto que lo nuevo suele generar incomodidad y estrés. Cambiar implica pasar de un estado a otro, lo cual hace que inevitablemente el sistema se desorganice para volver a organizarse luego asumiendo otra estructura.

La novedad produce dos emociones encontradas: miedo y curiosidad. Mientras el miedo a lo desconocido actúa como un freno, la curiosidad obra como un incentivo que nos lleva a explorar el mundo y a asombrarnos. Aceptar la posibilidad de renovarse implica que la curiosidad como fuerza positiva se imponga a la parálisis que genera el temor.

Podemos llevar a cabo la ruptura con lo que nos ata de dos maneras: (a) lentamente, en el sentido de desapegarse, despegarse, o (b) de manera rápida, lo cual implica “aceptar lo peor que podría ocurrir” de una vez por todas, en el sentido de soltarse, saltar al vacío, jugársela sin anestesia.

Le hacemos demasiado caso a las creencias que nos han inculcado de pequeños.

Las situaciones límite siempre nos confrontan y si somos capaces de aprovecharlas, podemos revisar nuestra mente a fondo. Las situaciones límite pueden hundirse o sacarte a flote, conformar un síndrome de estrés postraumático o formatear el disco duro. Las creencias más profundas se tambalean cuando nuestras señales de seguridad desaparecen, y allí el cambio es inevitable.

La conclusión parece obvia: nos convencemos de lo que somos, asumimos el papel que el medio nos asigna como si fuéramos ratones de laboratorio.
¿Y si no hubiera situaciones límite que nos precipiten al cambio? ¿Si nuestra vida se quedara anclada a la rutina y a la resignación de sufrir por sufrir? Sencillo y complejo a la vez: debemos crear nosotros mismo las condiciones límite. Hay que crear la capacidad de pensarse y reprensarse a la luz de nuevas ideas. Los procedimientos psicológicos más eficientes para que el cambio se genere consisten en llevar al paciente, de manera adecuada y responsable, a enfrentar lo temido, lo desconocido o lo inseguro. Es allí, durante la exposición en vivo y en directo, que la realidad se encarga de actualizar nuestro software, de durarnos, de ponernos en el camino de la racionalidad y enderezar la distorsión.

Una vez instaladas las creencias, defendemos por igual las saludables y las no saludables, las racionales y las irracionales, las correctas y las erróneas, aun cuando nuestro lado consciente piense lo contrario.

¿Por qué no somos capaces de descartar lo inútil, lo absurdo o lo peligroso de una vez?
Si vemos un principio no necesitamos hacer cursos de Precipicio I, Precipicio II y Precipicio III para concientizarnos del riesgo. El hecho se impone, la percepción directa es suficiente: vemos el peligro y no dudamos en retirarnos, “entendimos”, y punto. ¿Por qué entonces en la vida cotidiana caemos tantas veces por el precipicio? ¿Por qué repetimos los mismos errores? ¿Por qué nos cuesta tanto asumir una actitud racional frente a los problemas? ¿Somos masoquistas, ignorantes o testarudos?

Una experiencia vital vale más que mil palabras (o muchas horas de consulta). La información que llega de la experiencia directa es mucho más terapéutica que la teoría, aunque las dos son necesarias.

El camino es aquietar la mente e inducirla a que se mire a sí misma de manera relista. Una mente madura, equilibrada y que aprenda a perder. Una mente humilde, pero no atontada. Una mente abierta al mundo, vigorosa y con los pies en la tierra.
Al menos tres aspectos influyen para que la mente se cierre sobre sí misma y viva en el autoengaño: (a) la economía mental o cognitiva, (b) las profecías autorrealizadas y (c) las estrategias evitativas y compensatorias.

Economía cognoscitiva o la ley del mínimo esfuerzo
La mente humana es supremamente conservadora. El principio que maneja nuestro aparato psicológico es impactante: Cuando la información que llega al organismo no coincide con las creencias que tenemos almacenadas en la memoria, resolvemos el conflicto a favor de las creencias o esquemas ya instalados, es decir, nos hacemos trampa.

La mente humana autoperpetúa constantemente la información que tiene almacenada.

Lo que coincide con nuestras expectativas lo dejamos pasar y lo recibimos con beneplácito, lo que es incongruente con nuestras creencias o estereotipos lo ignoramos, lo consideramos “sospechoso” o simplemente lo alteramos para que concuerde con nuestras ideas preconcebidas.

La economía mental parte del siguiente principio: es menos gasto para el sistema conservador los esquemas que tenemos almacenados que cambiarlos.

De lo anterior queda claro que el cambio real implica modificar muchos factores asociados a las creencias y que esa modificación supone un costo que no siempre estamos dispuestos a asumir.

La economía mental, la que nos mantiene atados a los viejos hábitos, depende de una serie de mecanismos erróneos llamados sesgos. Con fines didácticos, me referiré solamente a los tres más importantes: sesgos atencionales, sesgos de memoria y sesgos preceptúales. Es importante aclarar que aunque los abordaré por separado, en la práctica, todos operan conjuntamente.

Sesgos atencionales
Cuando prestamos atención, no lo hacemos de manera objetiva y desprevenida. Por ejemplo:
Si una persona tienen un esquema de incompetencia (“No soy capaz”) su atención estará más orientada a detectar fallas que aciertos personales.
Si alguien ha creado un esquema de abandono (“la gente que amo tarde que temprano me abandonará”), la mente estará más atenta a destacar señales de rechazo que indicadores de afecto positivo.
Un esquema de grandiosidad (narcisismo) hará que la persona esté más atenta a los elogios que alas críticas.

La atención debe ser balanceada. Ver todo: lo bueno y lo malo. NO podemos fraccionar la vida como si se tratara de una cuestión de compra y venta. Ver todo, estar en contacto pleno con la realidad. Tomar conciencia de los esquemas que dirigen nuestra atención completar la observación con lo que nos quedó por fuera.

Prestar atención a la atención, vigilar al observador para hacerlo más objetivo y honesto. La atención sesgada perpetúa las teorías negativas que tenemos de nosotros mismos, el mundo y el futuro y crea condiciones irreales de confirmación. La mejor manera de poner a tambalear un esquema negativo y comenzar a desprenderse de él, es concentrar la atención en todos los aspectos de la realidad que nos rodea.

2. Sesgos de memoria
A diferencia de lo que nos sugiere el sentido común, la memoria no permanece inalterable a través de los años. Embellecemos o dramatizamos nuestro pasado y luego tomamos decisiones con base en esos datos alterados.

Recordamos más fácil y mejor aquello que concuerda con nuestros esquemas o creencias almacenadas. Autoengaño por todas partes. Por ejemplo:

Si estoy convencido de que soy torpe, recordaré más fácilmente situaciones de torpeza.
Si creo que no soy digno de amor, recordaré con más frecuencia fracasos afectivos.
Si pienso que un amigo es desleal, es probable que recuerde más sus intrigas (asi se una) que sus actos de compañerismo (así sean muchos).

Además de las creencias, el estado de ánimo también ayuda a sesgar la memoria: la tristeza hace que recuperemos más información depresiva y la ansiedad que recordemos más eventos trágicos o catastróficos. Este fenómeno se denomina aprendizaje dependiente del estado.

Además de los esquemas, nuestros recuerdos también están afectados por el tiempo.

Así que todo lo que recuerdes puede estar sesgado por los esquemas y por el tiempo mismo. Es mejor sospechar de la remembranza. No digo que haya que desarrollar una amnesia protectora, sino que es bueno tomar con pinzas aquellos momentos que confirman tu malestar, tu alteración y tu dolor.

3. Sesgos perceptivos
El proceso de percepción no es pasivo. El ser humano construye en gran parte su mundo interior. Somos activos procesadores de la información, afectamos el ambiente y el ambiente nos afecta.

Los sesgos perceptivos hacen referencia a las interpretaciones irracionales, erróneas o ilógicas que hacemos de los hechos. Son conclusiones equivocadas que sacamos a partir de lo que observamos o recordamos.

Gran parte del tiempo generamos deducciones equivocadas. Es claro que no somos los mejores estadísticos naturales ni los mejores razonadores: un gesto, una mirada, un ademán o un silencio pueden ser mal percibidos si existen creencias rígidas que orienten nuestro pensamiento. El prejuicio es una enfermedad en cualquiera de sus formas y los errores de interpretación su consecuencia obvia.

Los sesgos perceptivos te hacen ver lo que no es. Te obligan a llegar a conclusiones equivocadas donde tú eres el centro de todo. Es verdad que no hay percepción totalmente descontaminada, pero de todas maneras hay que intentar viciarla lo menos posible. La mejor estrategia para combatir el sesgo perceptivo es la verificación consciente, que consiste en revisar las premisas de las cuales partes y examinar el proceso por el cual llegas a ciertos resultados.

Las generalizaciones apresuradas son peligrosas porque siempre hay excepciones a la regla que puedes ignorar. Lo ideales, como verás más adelante, lentificar el proceso perceptivo, observarlo como si se tratará de una película en cámara lenta, estudiarlo paso a paso par no dejar entrar la distorsión.


Las profecías autorrealizadas
La profecía autorrealizada es la mayor expresión del autoengaño. El mecanismo es como sigue: parto de una profecía o anticipación de lago que va ocurrir, después hago todo lo posible para que la profecía se cumpla (casi siempre de manera no consistente) y finalmente concluyo que la profecía se cumplió: “Yo dije que esto iba a pasar”.

La secuencia es totalmente autoconfirmatoria. Damos por sentado lo mismo que queremos demostrar y alteramos los datos para que concuerden con las hipótesis.
Si tienes problemas interpersonales, es probable que estés utilizando algún tipo de profecías autorrealizada. Pregúntate de qué manera puedesestar alimentando la controversia con alguien o hasta dónde eres responsable de que las cosas no funcionen. Primero determina cuál es tu creencia de base, lo que piensas de él o ella, y luego revisa si le has dado una oportunidad limpia a la relación. En ocasiones le ponemos trampas a la gente que no queremos para alimentar la inquina: “Se lo merece”, “Te dije que era una mala persona”.

La mejor manera de pelear contra la profecía autorrealizada es darles una oportunidad a los hechos sin nuestra interferencia. Que la vida decida.

Las estrategias evitativas y compensatorias
La psicología humana se mueve en una contradicción esencial: mientras que de manera consciente queremos dejar de sufrir y eliminar las creencias irracionales responsables de nuestro malestar, de manera no consciente fortalecemos nuestros esquemas negativos evitando cualquier confrontación que los ponga a tambalear.

Hay un sufrimiento inútil, que implica el estancamiento irracional, y un sufrimiento útil, que nos hace a ver las cosas como son, para luego modificarlas.
La conclusión es clara: la conducta de evitación fortalece los esquemas negativos porque impide su confrontación con la realidad. Es una forma indirecta de autoperpetuación, ya que se pierde la oportunidad de “desaprender lo malo”.

Estrategia compensatoria / protectora
Una forma especial de evitación son las estrategias compensatorias, es decir, comportamientos que sirven para reestablecer o equilibrar de alguna manera aquello que no nos gusta de nosotros mismos. Quienes usan estas estrategias pretenden ocultar el problema haciendo alarde de todo lo contrario.

Dependiendo del aprendizaje que hayamos tenido y nuestra historia personal, cada quien genera su propio estilo compensatorio.

La evitación originada en el miedo (existe una evitación basada en la prudencia que sí es recomendable) patrocina la patología, ya que vuelve intocable los esquemas negativos. Les crea un hábitat cómodo para que prosperen y echen raíces. Impide la aplicación del antivirus, los cuida. Lo incomprensible, tal como dije antes, es que el esquema que tanto cuidamos y mantenemos es el que mismo que queremos eliminar. La mejor actitud para vencer la evitación crónica es “aceptar lo pero que pueda ocurrir” y alejarte un poco del principio del placer. Aceptar que el cambio te va a doler, que será incómodo. Ver la verdad de tu vida y establecer una lucha a muerte con aquellas teorías responsables de tu sufrimiento. Tocar fondo a veces es útil para muchas personas, ya que el pensamiento que surge en tales condiciones es liberador.

¿Para qué la mente?
Antes de analizar las posibles alternativas para “pensar bien” y contrarrestar la tendencia de la mente a autoperpetuarse, es importante interrogarse sobre el “por qué” y el “para qué” de la mente. Aunque no hay respuestas definitivas al respecto, con fines ilustrativos me referiré a dos posiciones opuestas evolutiva/científica y la trascendente/espiritual.

La mente como resultado de la evolución
El núcleo de la mente es el yo, el sentido de identidad que exige protección y mimos. No sólo se trata del principio de supervivencia (el yo que se niega a desaparecer) sino del principio del placer (el yo que necesita ser contempado)

Hay acuerdo entre los psicólogos y antropólogos en que la mente moderna evolucionó por la necesidad de resolver los problemas que tuvieron que enfrentar nuestros antepasados recolectores y cazadores. Somos la especie con menos recursos físicos par ala supervivencia y fue gracias al desarrollo de la inteligencia humana que pudimos sobrevivir.

La mente es difícil de satisfacer porque exige demasiado, porque vive atrapada en un mundo virtual de manera obsesiva la ilusión de que ella es eterna e indestructible. ¿Qué hacer entonces? Liberarse y liberar a la mente. Obligarla a que se observe a sí misma en toda su crudeza: que vea lo absurdo, lo inútil y/o lo peligroso de su manera de proceder. Autobservación constante y sistemática.

La mente como manifestación de lo trascendente
Gran parte de la tradición espiritual antigua sostiene que la mente no sólo nos ha servido para sobrevivir, sino que además cumple un papel trascendente en tanto nos pone en un plano espiritual.

Aquellas tradiciones filosófico-espirituales que afirman que formamos parte d euna mente o inteligencia universal: Tao, para Lao- Tse y Chiang-Tzu, Logos, para Heráclito; el Todo, para la sabiduría Hermética, Brama, para la tradición hinduista. Según la sabiduría perenne, Todo está vivo, es Mente. Somos la expresión espontánea de la Vida.

No importa qué creas o qué religión profeses, la herramienta principal para desarrollar tu potencial humano es la mente. Los meditadores budistas saben bien de lo que hablo. A veces les pregunto a mis pacientes: ¿Para qué está usted viva o vivo? Tantos siglos de evolución, ¿para qué? ¿Para vender salchichas, zapatos o automóviles, trabajar doce horas diarias y después dormir?

Ver lo que es
La mente debe liberarse de sus ataduras. Una mente sin autoengaño es más lúcida y penetrante y permite ve las “cosas como son”.

La salud mental implica balancear ambos aspectos: mis ideas (el mundo sujetivo) y los hechos (el mundo objetivo). Empezamos a funcionar mal cuando la mente empieza a desligar sus creencias y opiniones del mundo real y palpable. Este desbalance enferma.

La realidad es curativa per se, si somos capaces de dejar que la experiencia penetre hasta la base de datos sin excusas: eso atestiguan las técnicas de exposición (en los que se lleva al paciente a que se enfrente directamente con los hechos), la autobservación (el sujeto se mira a sí mismo de manera equilibrada y objetiva) y la meditación.

Si la mente se autoengaño, es muy difícil que tu potencial humano se manifieste.

Los que ha han transitado el sendero de la sabiduría pueden darnos algunas indicaciones valiosas para iniciar nuestro propio camino, pero sólo son sugerencias. El camino del recto entendimiento, tal como sostenía Buda, sólo se logra “sin enciendes tu propia lámpara”. En sus palabras: “Los grandes señalan la ruta pero uno debe seguirla por sí mismo”.




Parte II

MALOS PENSAMIENTOS

Los pensamientos son las conclusiones a las que llegas después de analizar y procesar los datos. Si estas deducciones son inexactas, distorsionadas o equivocadas, es probable que tu salud mental se afecte negativamente. Aunque no es el único factor que influye en el malestar psicológico, no cabe duda que el pensamiento negativo y/o irracional dispara un sin número de emociones perturbadoras y destructivas.

Pesimismo crónico
A las personas pesimistas las envuelve un halo amargura. El paquete desesperanzador está constituido por una serie de sesgos y actitudes cercanas a la depresión.
Como resulta obvio, la aplicación de este estilo hace que la vida pierda su encanto.

Una variación del pesimismo es la anticipación catastrófica, que consiste en adelantarse negativamente al futuro y esperara siempre lo peor.
Aunque el pesimismo se asocia más a la depresión y la anticipación catastrófica a la ansiedad, ambos muestran el mismo estilo subyacente: Concentrarse más en lo malo, que en lo bueno. Pesimismo y estrés suelen ir de la mano.

Pensamiento dicotómico o de extremos
Si bien debemos reconocer que no siempre los extremos son malos y que incluso en ocasiones son útiles e imprescindibles, la tendencia utilizar un pensamiento del “todo o nada” genera muchos problemas, Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior porque la vida, por donde se mire, está compuesta de matices.

El pensamiento dicotómico promueve un estilo cognitivo orientado a la crítica destructiva y al perfeccionismo salvaje. Si sólo existe lo “bueno y malo”, entonces no tengo otra opción: soy bueno o soy malo.

Las palabras “nunca”, “siempre”, “todo” o “nada” son peligrosas porque no dejan opciones. Si la mente se acostumbra a fluctuar de un extremo al otro, la ansiedad y la depresión serán inevitables.


La excepción a la regla
Tal como anunciaba Aristóteles, que el valor es un punto medio entre el exceso y el defecto, y así es, pero el justo medio nunca es estático, no está predeterminado: necesitamos la reflexión, lo condicional, la ética más que la moral. El camino del medio requiere también de los afectos, del caso único, de las diferencias individuales. Lo que define la virtud no es la perfección del rasgo, sino el equilibrio dinámico y sutil entre los extremos del continuo.

Los valores sin sus respectivas excepciones terminan por convertirse en cargas morales insoportables, lugares oscuros donde la conciencia se esconde de sí misma. Una profesora de bachillerato me dijo en cierta ocasión: “Yo sé que si evito mencionar las excepciones a las reglas y los dilemas morales en mis clases estoy educando personas rígidas y extremistas, pero prefiero no correr el riesgo de que los jóvenes vean en la excepción una justificación a sus conductas transgresoras”.

Pero hay otra opción, siempre la hay, afortunadamente: flexibilizar la norma a medida que el niño crece. Contar las cosas poco a poco, a su debido tiempo, pero contarlas. Aumentar la complejidad de la información a medida que el cerebro va desarrollándose y no considerar a los jóvenes como psicópatas en potencia. En otras palabras, ir en busca de la cordura, lejos del dogma.

Busca cuidadosamente las excepciones, flexibiliza el concepto, vuélvelo relativo. Las palabras “nada”, “todo”,”nunca”,”siempre”,”indudablemente”,”definitivamente”, cuando se aplican de manera indiscriminada, alientan el pensamiento dicotómico. Si no ve los matices y niegas los puntos medios, sufrirás mucho.

Personalización
Es la mala costumbre atribuirse la responsabilidad ante determinados eventos externos, sin tener en cuenta otras explicaciones posibles.

Los humanos podemos adoptar dos posiciones frente al control que creemos tener sobre los hechos.

A. Punto de control interno: “Todo depende de mi”. Esta posición, si se ejecuta de forma moderada y racional, es saludable porque hace que las personas se hagan cargo de sí mismas y decidan luchar por lo que quieren. Si se hace extrema y absolutista, empezarán a atribuirse la responsabilidad directa de eventos en los que nada tienen que ver (culpa). Sentir que uno está guiando su propia vida genera seguridad e incrementa la autoestima, pero empecinarse en ello más allá de lo razonable no deja de ser un acto de arrogancia e irracionalidad. Precisamente, la personalización es una distorsión mental que consiste en adoptar una posición centralista: “Todo depende de mí” o “Todo se dirige a mí”. Si el punto de control interno es total e irrevocable, el estrés y la ansiedad harán su aparición.

B. Punto de control externo: Llámese Dios, destino, suerte o astrología, la idea es que no soy responsable de lo que me ocurre y por lo tanto no tiene sentido que intente cambiar las cosas.

El punto de control externo elimina de cuajo la autoestima porque nos cosifica, nos niega la posibilidad de escribir nuestra propia historia, nos quita fuerza.

Pensamiento repetitivo o rumiador
Decimos que una persona es rumiadora mental cuando piensa de manera r reiterada y o obsesiva la misma cuestión. Por lo general el pensamiento repetitivo se localiza de manera obstinada en lo porqué, los cómo y los qué de una emoción o un aplacamiento al malestar. Aunque a veces la rumiación pueda mostrar un consuelo aparente, las investigaciones muestran que en la mayoría de los casos el alivio esperado no se alcanza. Más aun, el pensamiento reiterativo puede llegar a enfermar a la persona porque actúa como un círculo vicioso que recicla la preocupación (ansiedad) y alimenta el esquema negativo.

Cuando estamos ante un problema que parece irresoluble, la mente puede optar por la estrategia compulsiva de volver una y otra vez sobre lo mismo, machacar, revisar y desmenuzar la información con la esperanza de que esta actividad analítica produzca un efecto benéfico.

Hay circunstancias en las que el sistema se sobrecarga y pensar sesudamente se devuelve como un bumerán. En esos momentos, la solución al problema suele llegar por otros caminos, no tan racionales. Es el fenómeno del “aja” o del “¡Eureka!”, del bombillo que se prende como por arte de magia y todo empieza a encajar.

El proceso creativo necesita de un período de descanso conocido como incubación. Hay que crear las condiciones para que el aparato mental pueda dar sus frutos. Ningún científico o artista logaría nada significativo si se dejaría llevar por la premura de un pensamiento rumiador. Aclimatar y serenar la mente, alejarla de la cavilación, ponerla a hacer otra cosa. La mente desprevenida es la que prefieren las musas.

No te empecines. La obsesión sólo sirve para consumir tus facultades. El pensamiento es útil si lo ubicas en su sitio, si no exageras su uso. En el fondo, el pensamiento reiterativo no es otra cosa que la manifestación de la impaciencia. No pensar y dejar la mente en blanco es muy difícil, porque cuanto más intentamos desechar un pensamiento, más se fortalece.

Volvemos al principio: ver las cosas como son. Pragmatismo puro: rumiar enferma, no genera soluciones significativas, te cuestiona innecesariamente y se convierte en una pesadilla para la gente que te rodea. Me pregunto ¿no son suficientes motivos para hacerla a un lado?

¿La parte o el conjunto?: dos estilos de pensamiento inconcluso
Analizaré dos formas de pensamiento inconcluso que pueden considerarse corolarios del pensamiento dicotómico:

a. Cuando se tiene en cuenta sólo una parte del todo y se sacrifica el conjunto (racionalista/detallista).
Cuando se considera solamente le conjunto y se descarta la parte (emocionales/holisticos).

Obviamente, cualquiera de estos modos llevará a conclusiones incompletas y erróneas que afectarán el comportamiento.

1. Racionalistas/detallistas
Estas personas, por ve el árbol no ven el bosque, se quedan en los detalles, son minuciosas, ultraracionales y excluyen la experiencias subjetiva (sentimientos/afecto/emoción). Al que darse pegados a los pormenores y eliminar la percepción del conjunto llegan a resultados parciales y fragmentados. La mente que utiliza esta “visión en túnel” inevitablemente termina por distorsionar la información.

La sobregeneralización consiste en llegar a una conclusión general partiendo de uno o más incidentes aislados. La anécdota, el caso particular, se convierte en criterio para tomar decisiones.

Una de las características más importantes de este estilo es la exclusión de la subjetividad y de la emoción.

La emoción también debe ser considerada como un tipo de información que el sistema requiere para funcionar adecuadamente. La emoción le da orientación y motivación al comportamiento, imprime energía y nos ayuda a comunicarnos, entre otras muchas funciones.

El pensamiento racional no debe confundirse con la “racionalización”. Pensar racionalmente es eliminar el pensamiento supersticioso de nuestra vida.
En cambio la “racionalización” es un mecanismo de defensa o una estrategia compensatoria cuya misión es minimizar los estados emocionales o evitarlos. Pensar bien no es excluir la emoción sino integrarla cuando debe hacerse y en dosis adecuadas. Hay veces en que debemos ser muy emocionales y otras, bastante racionales.

2. Emocionales/holísticos
Esta manera de procesar la información es opuesta a la anterior: por ver el bosque no ven el árbol. Son personas que sacrifican los detalles por la totalidad, se quedan en lo global y le creen más a las emociones que a la lógica.

El sentimentalismo descontrolado imprime una cualidad impresionista, romantizada y dramatizada al pensamiento, lo cual genera un distanciamiento con la realidad.
Creerle ciegamente a la intuición puede resultar peligroso. No niego que haya momentos en que la magia pueda ser divertida y hasta relajante, pero hacer de ello una forma de vida nos arrastra a la credulidad y al pensamiento mágico.

El pensamiento emocional se presenta cuando un individuo considera sus sentimientos y/o emociones como una evidencia de la realidad.

Ni razón pura ni emoción pura, más bien la integración. No puedo comprender lo particular sin el conjunto que le contiene y no puedo comprender el conjunto sin tner en cuenta sus componentes.

No te dejes obsesionar por la lógica y los detalles ni le creas ciegamente a los sentimientos. Ambos, razón y emoción, deben estar juntos para asegurar que tu pensamiento sea adaptativo.

Cada vez que tengas que tomar una decisión lleva el calibrador mental al extremo racional y quédate allí un rato analizando “fríamente” la cuestión. Luego deslízate hacia el polo opuesto de la emoción y concéntrate en “sentir”. Realiza este juego (punto y contrapunto) varias veces. Expón las razones lógicas (que te dicta la mente) y las razones emocionales (que te dicta el corazón). Hazlas explícitas y en lo posible intenta integrarlas. Mi experiencia es que las razones lógicas pesan más que las emocionales y nos llevan a cometer menos errores, pero si se combinan con las del afecto puedes matizar tu decisión y hacerla más humana y acorde con tus necesidades.





Parte III

ESQUEMAS SALUDABLES
Reflexiones sobre el arte del buen vivir

Como vimos en las dos partes anteriores no somos buenos procesadores de la información porque nuestras facultades mentales son limitadas. No obstante la mente humana puede adquirir una capacidad de vuelo sorprendente, tal como atestiguan las más antiguas tradiciones filosóficas y espirituales.

Quizás debamos ir hacia atrás en vez de ir hacia delante y rescatar aquel saber ancestral que reposa silencioso en cada uno de nosotros: disposición práctica de la hablaba Aristóteles. La capacidad de saber elegir lo que es bueno para el hombre en general y lo que es bueno para uno. Es la actitud del hombre verdad al que hacía referencia Chuang-Tzu, 300 años a.C.

En este apartado me referiré a esquemas (creencias, estilos de vida) motivacionales, protectores y generadores de inmunidad mental, en los que la psicología se encuentra con la filosofía.

Ser más que tener: la austeridad interior
Aunque algunos no lo compartan, para mí es evidente que las personas no valen por lo que tienen sino por lo que son.

Según Fromm, el modo del ser se diferencia del modo de tener en que el primero nos hace crecer porque está a favor de la vida y la vivacidad, mientras que el segundo está al servicio del egocentrismo, del Narciso que llevamos dentro, de la esterilidad, del yo acaparador, de la población y la codicia.

Cuando estamos en el modo del ser, no competimos, no necesitamos mostrar ningún récord ni pavonearnos con nada; hay alegría esencial, hay una forma de satisfacción que se basta a sí misma: somos auténticos. Aceptarse incondicionalmente y poder decir “¡Soy como soy!” nos ubica en el mismo centro de nuestro ser, hacemos contacto con la singularidad que nos determina sin exaltar el ego. En el estado del ser, el potencial se desliza hacia arriba sin tanto esfuerzo.

Si estoy dispuesto a renunciar a lo que me pertenece en cualquier momento, si no me igualo egoístamente con mis posesiones, entonces el tener no se contradice con el ser.

La filosofía del tener promueve una actitud mercantilista en todas las áreas. ¿Cuál es la opción? No codiciar en lo absoluto. Lo que define el desapego no es tanto el ascetismo como la disposición activa a renunciar a “cualquier cosa” si hiciera falta.
No se trata de tener conocimiento acumulado, sino de conocer como proceso. Pensar es mejor que tener pensamientos. Todas las tradiciones espirituales coinciden en que el hombre debe desocuparse del conocimiento para descubrir la verdad, lo otro, lo innombrable, lo intemporal, Dios, o como quieran llamarlo. No significa ser ignorante sino estar dispuesto a descartar cualquier idea o creencia si debiera hacerse. La famosa máxima socrática, dicha hasta el cansancio: “Solo sé que nada sé”, no es otra cosa que la toma de conciencia de que ningún conocimiento humano es capaz de producir certeza y garantizar la felicidad total.
No tener nada: en el sentido de estar libre de las cosas y disminuir las necesidades que tenemos. Es en situaciones límite, como en el caso de una enfermedad grave, un exilio forzoso, una guerra, la pérdida de un ser querido o una quiebra económica, cuando realmente caemos en cuenta de que muchas de las cosas que defendíamos a capa y espada “de nada sirven en la vida”. La idea, obviamente, no es hacer un culto a la pobreza exterior, a la hambruna o justificar la explotación. Más bien se trata de no encadenarse a nada material, entendiendo que lo que somos nada tiene que ver con lo que tenemos.

Vivir bien es un placer y sería estúpido renunciar a ello, pero si la autoestima comienza a ser proporcional al tamaño de la chequera la cosa se complica. Somos muy parecidos entre nosotros, así les duela a los que se creen “especiales” y “distintos”. Existe una identidad universal que nos unifica por lo bajo y que se hace evidente en la adversidad, cuando el estatus se viene a pique y la soberbia no encuentra dónde echar raíces.

Sabiduría más que erudición
Erudición: “Vasto conocimiento de los documentos relativos a una ciencia”.
Sabiduría: “Prudencia en la vida y los negocios”.

El ideal antiguo de la sabiduría estaba determinado por un fusión entre teoría y práctica. La erudición como la línea dura del conocimiento y la sabiduría como un conocimiento más amplio y vital: tratar de alcanzar la vida feliz a través de la razón o la prudencia. Pensar bien, sentirse bien.
Muchos hombres de ciencia son totalmente incapaces de resolver las dificultades más elementales del quehacer cotidiano, como si la investigación científica fuera discordante con el buen desempeño social o interpersonal.

Si alguien duda puede preguntarse con toda honestidad qué tanto han contribuido a su calidad de vida la tangente hiperbólica, las integrales de números imaginarios, la fecha de nacimiento de Napoleón, el día de la invasión a Normandía, la teoría cuántica, la geometría descriptiva, la ley Hooke, las interminable y complejas fórmulas químicas o la clasificación de los pares craneales. La felicidad parece que recorre otros caminos, si es que existe.
No niego que los conocimientos técnicos puedan beneficiarnos de manera directa o indirecta, lo que sostengo es que el arte del buen vivir requiere de aptitudes y destrezas que poco tienen que ver con la típica ilustración de doctos y letrados.

La experiencia demuestra que cuanto más se acerca la gente a la sabiduría, más se aleja de la erudición, o la necesita menos. La sabiduría es un conocimiento más vasto, más fundamental: se trata de cómo vivir mejor, estando bien con uno mismo y con los demás. No tiene pretensiones académicas, no busca portadas ni aplausos, sólo tranquilidad.

En la juventud estudiamos la sabiduría, decía Rousseau, y en la vejez la aplicamos. Las causas, el tiempo, los golpes, la lucha por la supervivencia, lo que nos ocurre de verdad. Habitar lo real, existir en el contexto, ésa es la fuente del saber que llamamos sabiduría.
El conocimiento te instruye, la sabiduría te transforma.
Si la experiencia te sacude y te lleva a revisar tus paradigmas y a cuestionarte desde lo más profundo, ese conocimiento es transformador; entonces ya no eres el mismo. Lo contrario es estancarte.
¿Hay recetas para alcanzar la sabiduría? No creo. Pero la mejor manera de acercarse un poco a ella es por la negativa. El sabio no se apresura, no habla demasiado ni es enredado al decir las cosas, no anula el sentimiento, no es indiferente a la vida y no se las sabe todas.

Más allá de las diferencias individuales, lo que sí parece evidente es la existencia de una sabiduría perenne, imperecedera y asombrosamente coherente a lo largo del tiempo.

Anatema a los expertos, que son demasiado expertos

El otro como sujeto: ética más que moral

Como ya vimos, el egocentrismo es la actitud por la cual descarto de cuajo cualquier punto de vista distinto al mío. Cuando tenemos el narcisismo agudizado, nos sorprendemos de que la gente no esté de acuerdo con lo que pensamos.

Aceptar al otro como un “sujeto válido” es mirarlo como “un fin en sí mismo”, como alguien que merece respeto y tiene derechos, así no estemos de acuerdo.

Respetar es tomar al otro en serio, y tomarlo en serio es aceptar que tiene algo para decir que vale la pena escuchar.

Humberto Eco afirmaba que la ética comienza cuando los demás entran en escena, es decir, cuando nos vemos “obligados” a defender y fundamentar las propias decisiones bajo la mirada ajena. Entonces ser ético es descentrarse y ponerse en los zapatos del otro.

Si lo vemos en detalle, ubicarse en el punto de vista ajeno requiere de un proceso mental bastante complejo. El procedimiento ético requiere al menos de los siguientes pasos: (a) descentrarse (humildad), (b) adoptar momentáneamente la posición del interlocutor (juego de roles), (c) identificar con claridad su opinión (explorar sin prejuicio), (d) regresar a la propia creencia con la nueva información y (e) tratar de congeniar los intereses particulares con los de la otra persona.
De lo anterior surgen las siguientes preguntas: ¿realmente realizamos este proceso de descentramiento cuando nos encontramos en una discusión o un alegato? ¿Hasta dónde nos preocupamos seriamente por fundamentar nuestros puntos de vista y hacerlos razonables y razonados? ¿Hasta dónde incluimos al otro como sujeto? Pensemos en las relaciones que establecemos con nuestros amigos, la pareja y los hijos: ¿Realmente nos ponemos en su punto de vista cuando abordamos sus necesidades?

Reconocer al otro como sujeto es asumir la intimidad ajena, es volver añicos la indiferencia social y afectiva y reafirmar la dignidad como derecho no negociable.

¿Y la moral? Ella nos dice cómo debemos comportarnos.
Se refiere más la deber hacer, es la normatividad sin excepciones, es aquello que garantiza la supervivencia de una sociedad que carece del suficiente amor y ‘por lo tanot necesita de las normas de convivencia.

Comte-Spnville lo expresa claramente:

“¿Quieres saber si tal o cual acción es buena o condenable? Pregúntate qué ocurrirá si todos se comportaran como tú”

La moral ordena, la ética aconseja.
Cuando nuestro proceder comienza a transitar los terrenos de la ética, empezamos a sentir cierta paz interior.

1. ¿Qué nos hace humanos?
Lo que nos hace humanos no es solamente la genética, sino lo social. Fue el haber estado junto a otros seres de tu misma especie lo que desarrollo tu humanidad actual. La vida humana, entendida como vida autoconsiente, es decir, capaz de reconocer a sí misma en el devenir histórico, no es posible sin la presencia de los demás.

2. Cómo intentar ser ético
Hay dos opciones básicas para intentar ser una persona ética, y una no es incompatible con la otra.

Razonada
Cuando te encuentres ante un dilema ético, sigue los siguientes pasos:

Intenta seriamente justificar tu comportamiento y dar razones sobre él a la luz de ciertos principios morales o de algún código valorativo personal y/o grupal asumido como tuyo (razonamiento ético).
La defensa de la conducta o su fundamentación no sólo debe incluir tus intereses personales, sino los de las demás personas involucradas, es decir, debes ir más allá de lo que te gusta o disgusta.
Para tener mayor claridad y seguridad, intenta adoptar un punto de vista universal/imaginativo: (a) imagínate en la situación de todos los que han de verse afectados por tu acción/decisión y (b) imagínate cómo sería el mundo si todos actuaran como tu.

Comportarse éticamente es hacerlo de una manera que pueda ser recomendada y justificada, teniendo a los demás como testigos y observadores.

Modelada
Otra forma de resolver los dilemas éticos es recurrir a los modelos más que a los mandatos.

El filósofo Comte-Sponville explica así su estrategia personal para resolver algunos problemas ético-morales.

“Confieso que cuando me pregunto que debo hacer, es decir, cuál es mi deber, no me pregunto por lo que la razón ordena… ni a qué ley absoluta se supone debo someterme… ni si la máxima de mi acción puede ser universal, sino más bien qué haría en la misma situación un individuo que sólo actuara pro amor (Jesucristo), un individuo que sólo actuara por compasión (Buda) o simplemente un individuo sin bajeza ni debilidad (Diógenes, el Cínico). Pongo simultáneamente en funcionamiento estos tres modelos, les aplico mi razón (para escoger los medios más que para fijar los fines) y eso basta, casi siempre, para indicarme claramente lo que debería hacer”.

3. Una clave adicional: ser coherente
Ser coherente internamente es pensar, actuar y sentir para un mismo lado. Los tres niveles de respuesta manifestándoles de manera solidaría y conjunta. Mente y cuerpo unidos, sin dualismos, con muy pocas dudas, para que la armonía no se dispense en contradicciones fundamentales.

Ser coherente no es fácil. La paradoja y el contrasentido es parte esencial del hombre que se construye a sí mismo. “Las contradicciones internas” nos han acompañado siempre, al igual que la lucha por superarlas.

Pero vale la pena aclarar: la coherencia psicológica no significa integridad total y exacta de los componentes, sin la mínima desviación, sin la menor vacilación. La rectitud intachable puede degenerar en psicorigidez, que significa negarse a revisar las propias creencias cuando la realidad nos muestra que estamos equivocados.

Coherencia y flexibilidad, la clave de todo crecimiento personal: Intentar ser consecuente, pero abierto al cambio.

Aprender a perder
No se nos enseña a perder. El mundo es de los ganadores, de los que nunca se dan por vencidos, de los poderosos. Es una educación antisabiduría que alimenta la idea absurda de que sólo el éxito conduce a la felicidad. Por el contrario, reconocer la derrota y saber aceptarla es señal de inteligencia.

El sabio no espera nada o muy poco, porque esperar casi siempre está relacionado con la ansiedad. Por lo general, deseamos alcanzar lo que “no conocemos” y quisiéramos gozara más adelante, lo que “no conocemos” y quisiéramos conocer, o lo que “no podemos hacer” y quisiéramos hacerlos. Es la trampa de la esperanza que se instala en la carencia. Es la terrible sensación de que siempre falta algo.

Un aspecto importante de la sabiduría, tal como nos lo enseñaron los estoicos, es precisamente aprender a discernir cuándo se justifica y cuándo no, cuándo hay que insistir y cuándo hay que abandonar el campo de batalla, lo que no significa cobardía, sino prudencia.

¿Y el ideal de la felicidad’ No existe. La felicidad, tal como la entendemos en la cultura industrial occidental, es el deseo de sostener el placer indefinidamente, llámese Paraíso o Nirvana. Es la quimera de la alegría eterna, de la no frustración definitiva y del control total.

Una idea más razonable y práctica de la felicidad supone ubicarla en el aquí y en e ahora y despojarla de esa falsa aureola sacrosanta. ¿Qué significa? Estar feliz mientras hago lo que quiero. Desear lo que tengo o lo que hago, mientras lo tengo y lo hago, disfrutar de lo que no me falta.

Veamos dos situaciones en las que aprender a perder es importante: (a) una relacionada con el dolor y (b) una con el placer.

a) Si no podemos escapar a la adversidad, nos queda Epíteto, “Soporta y abstente”.
b) Si el placer se acaba, dejarlo ir

Pero la mente no se consuela, lo retiene y quiere repetir. Necesita volver a sentir el placer e inventa el apego, que no es otra cosa que la incapacidad de retirarse a tiempo. Aprender a perder significa que cuando lo bueno se acabó, se acabó.

Pensemos en lo que nos cuesta renunciar a probar un buen chocolate ahora para bajar de peso después. Chocolate: bien, placer menor e inmediato. Bajar de peso: bien, placer mayor y diferido.

En otras palabras: “haz lo que quieras si no es dañino ni para ti ni para otros”. El cálculo estoico es, pues, la capacidad de prever las consecuencias de nuestras acciones. Se trata de saber gozar, sin afectar a nadie. Es aprender a relacionarse con el placer y el dolor de una manera menos patológica, ponderando el autocontrol.

Repito una vez más la máxima rectora, inspirada en el estoicismo: dirigir la propia vida en lo que depende de uno (sentido, felicidad, autorrealización) y aceptarla tal cual es cuando no depende de uno (enfermedades, muerte, separación), intentando disminuir la cantidad de dolor que de por sí implica el mero hacho de estar vivo.
Cuando te encuentres ante algún acontecimiento difícil, no obres impulsivamente. Las siguientes preguntas, que son un cruce entre psicología cognitiva y filosofía, pueden servirte como guía antes de tomar decisiones importantes.

¿Mi vida depende de esto, es vital y esencialmente definitivo para mí o para mis seres queridos hallar una solución?
¿Qué sería lo peor que podría pasar? Y si lo peor ocurriera, ¿podría seguir viviendo dignamente pese a todo?
¿El dolor esperado sería realmente insoportable o podría soportarlo con algunas ayudas?
¿Cómo evaluaría yo este mismo evento dentro de un tiempo? ¿Sería igual de vital e importante?
¿Puedo pensarme a mí mismo en una situación aun peor?
¿Puedo desarrollar una estrategia de afrontamiento que no implique un mal mayor mediano lo largo plazo, o en verdad excede mis capacidades?
Debo enfrentarlo de manera activa o debo aceptar lo peor que pudiera sucederme y resignarme a perder con dignidad?

No hay certezas existenciales, no las puede haber sin autoengaño. Por eso hay que habitar la incertidumbre y eliminar la ilusión de control que pregona la cultura.

Los que logran habitar la incertidumbre la pasan bastante bien porque suelen estar por encima de la ansiedad, entienden que un número considerable de eventos escapará a su control y que por lo tanto habrá intentos inútiles y sin futuro.

Acerca del perdón
El tema del perdón es arduo y complejo, sin embargo, me parece conveniente acercarnos al tema, no sólo por la importancia que cobra el perdón en las condiciones de la vida actual del planeta, sino por las implicaciones terapéuticas del mismo en problemas en los que la ira, el rencor y el odio son determinantes, por ejemplo, abuso sexual, maltrato psicológico, violencia intrafamiliar y psicopatía.

1. Qué no es perdonar
a. Perdonar no es absolver. El hecho queda registrado en la historia y por tal razón el pasado siempre está vivo de alguna manera en la memoria.

b. Como consecuencia de lo anterior, perdonar no es olvidar.

c. Perdonar no es otorgar clemencia, porque no ejercemos la función de jueces, al menos en la vida normal de relación. En realidad, todo el proceso que lleva al perdón debe quedar limpio de superioridad respecto del que solicita el perdón.

d. Perdonar no es sentir compasión. La compasión te solidariza con el dolor de la víctima, es una “virtud afectiva”, se trata de sensibilidad, de solidaridad emocional o de contagio, ya que el dolor ajeno nos toca o se refleja a través nuestro. Compasión: compartir el dolor.

e. Perdonar no es renunciar a la justicia. El acto de perdonar no entraña que debamos renunciar a defender nuestros derechos o dejar de luchar por lo que creemos, más bine se trata de no entrar en el juego del odio.

No odiar no es dejar de combatir, sino enfrentar la situación de manera serena. ¿Puedo pelear o defenderme de mis enemigos sin odiarlos? Pienso que sí. De eso se trata el perdón. No es abdicar a la justicia sino ejercerla sin rencor, sin ira, sin aberraciones violentas.

Qué es perdonar
Perdonar es no odiar, es extinguir el rencor y los deseos de venganza. Es negarse a que el resentimiento siga echando raíces.

3. las condiciones del perdón
La mayoría de los autores coinciden en que el perdón requiere de ciertas condiciones:

Solamente la personal ofendida es quien tiene el derecho a perdonar. Ése es le privilegio de la víctima.
El perdón requiere tiempo.

¿Cuánto dura el proceso de perdonar? Nadie sabe. Pero sí sabemos que no es inmediato. Hay que sopesar muchas cosas, hay que pensar razones y darle razones al corazón para que decida.

El perdón sólo se justifica si existe rencor u odio.
¿Debe arrepentirse el ofensor para que haya perdón? No creo. El arrepentimiento facilita el perdón, sin lugar a dudas, pero no es una condición necesaria y suficiente. Condicionar el perdón al arrepentimiento es asumir una estructura autoritaria del perdón.
El error se disculpa, la maldad se perdona. Si no hay intención, sólo hay traspié. “discúlpame “significa:”quítame la culpa”. “Te disculpo”, quiere decir. “Te entiendo, hay atenuantes, hay excusas justificables, no fue tu atención”. ¿Pero qué ocurre si hay “mala voluntad”, si ex profeso alguien me hace daño? ¿Cabe la disculpa o se necesita pasar a otro nivel?

4. Los caminos del perdón
Mi defensa del perdón obedece más a razones psicológicas que espirituales o religiosas. Desde un punto de vista cognitivo, no sólo es un regalo que le hago al infractor, lo cual puede llegar a ser importante desde una perspectiva humanista, sino es un regalo que me hago a mí mismo, en tanto dejo de sufrir. Perdonar es aliviar la carga que me causas el rencor, es dejar mi corazón libre para que vuelva nuevamente a creer y/o amar, es volver al cause natural.

El camino del amor
El amor agápico, desinteresado, no requiere del perdón para subsanar las heridas psicológicas, porque no alberga rencor.
El amor es el antídoto principal contra el rencor y el odio. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿es posible amar al enemigo?

El camino de la compasión
Ya dije que compartir el dolor no es perdonar, pero he tratado casos en que de tanto ver sufrir al ofensor, el perdón empieza a gestarse en la víctima.

La compasión es una virtud afectiva donde las razones sobran. Cuando se manifiesta, el dolor del otro puede transformarse a sí mismo en perdón.

El camino de la comprensión
Explicar un comportamiento no es justificarlo. Uno no perdona a fuerza de excusar, pero puede ocurrir que el damnificado de tanto ponerse en el lugar del acusado termine por identificarse mentalmente con él. La comprensión puede preparar el camino para que el corazón dé el vuelco, pero no más.

El camino del desgaste
Hay ocasiones en que el desgaste que genera el rencor es tal, que la persona decide perdonar como un acto de supervivencia.

No hay amor, no compasión, ni comprensión, sólo cansancio esencial. Que se revierte sobre sí mismo: odiar el odio. Es una decisión de la mente dirigida por el organismo. El odio cansa, enferma e incluso puede enloquecer a quien lo padece.
Con o sin arrepentimiento, con o sin requerimiento del trasgresor, el perdón siempre es un proceso personal.

El camino de la comparación
Es una forma de identificación por lo bajo. “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, nos enseño Jesús.
La comparación es un proceso de comprensión pero referido a las similitudes del ofendido con el culpable. El yo se involucra de otra manera. El mecanismo de identificación con el agresor no se hace desde el dolor sino desde la semejanza: “¿Cómo no perdonarte si yo hubiera hecho lo mismo?”

Cunado se trata de perdonar, no importa tanto el camino sino el resultado. Tener un esquema positivo sobre el perdón implica estar dispuesto a no dejarse llevar tan fácilmente por el odio y a intentar terminar con el rencor, si ya está instalado.

Anexo I
APLICACIONES PRÁCTICAS DE LA PARTE I

Señalaré cuatro principios que pueden facilitar el desmonte del egocentrismo mental, incrementar el autoconocimiento y modificar los sesgos cognitivos.

1. Tomar conciencia de que el cambio es importante
Hay que estar comprometido con el proceso del cambio y desearlo desde lo más profundo. Estar consciente de que cualquier transformación supone una dosis de esfuerzo e incomodidad: renunciar al principio del placer ahora para obtener un beneficio mayor después. ¿Disciplina? No cabe duda, pero también motivación.
Sentir que el cambio es necesario y que será útil.
Si aceptas que tu mente de be cambiar, es porque ya no quieres vivir con la mierda hasta el cuello y porque te cansaste de ser un “tonto feliz” rodeado de ignorancia. La gente que decide cambiar de verdad produce revuelo a su alrededor: los amigos se asombran, los conocidos murmuran y los enemigos se mueren de la envidia.
Para cambiar hay que tener “fuerza de voluntad”. Persistir en la racionalidad, enfrentar el miedo a lo desconocido, no escapar ante el primer obstáculo y no perder de vista las ventajas de lo nuevo. El poder de la fuerza de la voluntad incluye:

a) Determinación para cambiar
b) Conocimiento acerca de cómo cambiar
c) Ponerse en acción
d) Persistir en esta acción, incluso cuando es difícil de sobrellevar

Lentificar los procesos e identificarlos
Una vez que hayas aceptado y asumido el compromiso del cambio, debes aprender a identificar los sesgos antes mencionados.

La propuesta es hacer que tu mente vaya más despacio para que puedas ver tu propio desempeño mental, como un relojero que revisa los dispositivos del reloj, minuciosa y atentamente.
Recuerda que la idea en esta fase de reconocimiento no es la modificación de los procesos mentales. Si la mente detecta que deseas modificar sus mecanismos de defensa, ofrecerá resistencia.

3. Reordenar la experiencia alrededor de una creencia negativa escoger
una creencia negativa
Cualquiera que te haga sentir mal y luego observar como la mente hace lo imposible por protegerla y alimentarla.

4. atacar las distorsiones
Si has sido capaz de llegar hasta aquí y superar el apartado anterior, es el momento de enfrentar las distorsiones responsables de tu malestar.

Atacar y calibrar los sesgos atencionales para vencer los sesgos hay que equilibrar la información que procesamos. Por ejemplo, si descubres que tienes un sesgo atencional, debes tratar de analizar las situaciones de manera total, sin dejar por fuera los datos que no te gustan o no te conviene. Si no lo haces, tus conclusiones estarán equivocadas de no ser así, terminaras viendo solamente lo que quieres ver y no lo que es.

La clave es balancear la información y ver todo, lo que te conviene y lo que no te conviene, lo que te gusta y lo que te disgusta.

Atacar y calibrar los sesgos de memoria A veces la memoria nos impide ver las cosas como son. Muchas de nuestras decisiones las tomamos con lo primero que recordamos, así la realidad muestre otra cosa para rescatar los elementos mas adjetivos de tu pasado puedes utilizar dos métodos: el enfrentamiento y la autobservacion hacia atrás. El enfriamiento consiste en no dejarte llevar impulsivamente por el primer material que te llegue a la mente.

Es saludable hacer un alto, quedarse unos instantes en la incertidumbre y aceptar la información contradictoria. Cabeza fría y dudar de la intuición. Enfriar el sistema. De una anécdota no puede inferirse una ley genera.,
La autobservacion hacia atrás es recordar tanto los eventos negativos como los positivos almacenados en la memoria. Obviamente es mucho mas difícil que cualquier otra observación porque la información que tienes guardada sufre alteraciones con el tiempo.

Por ejemplo, si te viene a la cabeza el recuerdo de alguien que te ha despreciado o no te quiere, detén el pensamiento de manera enérgica (¡Stop!) y de inmediato trata de recuperar de tu memoria alguna persona que te haya querido mucho. Si no encuentras a nadie, vuelve a intentarlo. Es prácticamente imposible que nadie te haya querido jamás

Recuerda: no se trata de construir consolaciones idealistas e ingenuas, porque seria otra forma de autoengaño, sino de crear la costumbre de andar por el camino del medio.

Atacar y calibrar los sesgos preceptúales existen, al memos, dos formas de que nuestras percepciones de los hechos sean mas exactas: verificación y explicaciones alternativa. Una de las razones mas frecuentes que nos llevan a realizar interpretaciones erróneas es el apresuramiento o el uso indiscriminado de la intuición emocional es importante para la vida, no debemos exagerar su uso ni beatificarla: la inteligencia racional es tan importante como la inteligencia emocional.

La verificación es importante porque te obligan a repensar las cosas. Antes de llegar a una conclusión definitiva sobre algún tema significativo para otro, vuelve atrás y verifica la premisa de la cual partiste. Revisa y repasa. Cuanto mas practiques la exploración verificativa, mas automático se volverá el procedimiento.

Las explicaciones alternativa te permiten abrir la mente a otras opciones y posibilidades.

Atacar las profecías autorrealizadas cuando estés frente a un problema que se mantiene pese a tus intentos por solucionarlo, hazte tres preguntas: (a) ¿Qué hago yo para que esto sea así? (b) ¿He influido en los resultados negativos? (c) ¿Estoy haciendo trampa?
Atacar las estrategias evitativas/protectoras no hay una manera de atacar la evitación/protección que exponerse, arriesgarse y aguantar la incomodidad del enfrentamiento.

Acepta lo peor que podría pasar. Obviamente, si tu vida no esta en juego, a veces hay que entregarse a la divina providencia (versión católica) y/o al universo (versión oriental). Desdramatizar las situaciones y dejar que la vida obre con su sabiduría. ¿sabes que dicen la mayoría de las personas que han decidido enfrentar sus miedos luego de su primer intento?: “No fue tan horrible”.

Siente el miedo, poco a poco. La evitación te vuelve intolerante a la adrenalina. Tus umbrales bajan y magnificas el temor apenas este se insinúa. Al escapar impides que el organismo se habitué a la emoción del miedo.

La próxima vez que el miedo asome, no lo evites de inmediato, déjalo unos segundos con la plena conciencia de que es incomodo, pero no mortal. Rétalo. Acepta esos instantes con un dejo de dignidad:

Decimos que un miedo es irracional cundo el peligro no es objetivo o es desproporcionado, que evitas: (e) pierdes la posibilidad de desconfirmar y eliminar la creencia responsable de tu malestar, (b) refuerzas el miedo, (c) la resistencia al cambio crece, (d) tu autoestima baja sustancialmente, (e) tu inseguridad se incrementa, (f ) bloqueas tu potencial humano e inhibes tus fortalezas.

Recuerda: si evitas, puede que a corto plazo sientas alivio, pero a mediano o largo plazo solo robustecerás los esquemas responsables del sufrimiento.

Anexo11
PENSAR BIEN: APLICACIONES PRACTICAS DE LA PARTE II

Aunque existen mucha técnicas para modificar pensamiento, solamente señalare algunas de ellas.

1. Registro y autobservación
Cundo tu comportamiento sea inadecuado o sientas malestar emocional, intenta identificar el pensamiento responsable.

Estas cinco preguntas te servirán de guía.
1. ¿Qué ocurrió inmediatamente antes de que el pensamiento tuviera lugar o que lo disparo?

2. ¿Qué paso por mi mente?

3. ¿Qué sentí después del pensamiento?

4· ¿Qué hice o cual fue mi comportamiento posterior al pensamiento?

5. ¿Qué paso después de mi comportamiento?

Si quieres cambiar tu manera de pensar, el primer paso es observar el pensamiento e identificar la relación que él establece con todo el conjunto de hechos que lo rodean.

2. El debate racional/cognitivo
El principal recurso para atacar los pensamiento negativos es la disputa verbal, que implica poner en duda el pensamiento negativo y luego reemplazarlo por otro más aterrizado, racional o adaptativo.
El análisis que hagas para atacar los pensamiento debe tener en cuenta, al menos, tres aspectos:

1. La evidencia empírica del pensamiento, es decir si hay hechos que lo avalen o si sólo es cuestión de imaginación o “sentimientos.

2. La consistencia lógica del pensamiento, es decir, las conclusión ha sido razonable y razonada o si es posible obtener otras explicaciones alternativas de igual.

3. Los efectos pragmáticos del pensamiento, es decir, las consecuencias que la manera
de pensar tiene o tendrá sobre nuestra vida

Tu mente nunca está silenciosa. Si el parloteo es negativo te sentirás mal, si es positivo te sentirás bien, por eso lo que propongo no es acallar la mente, sino encauzarla.

En otras palabras: ser un poco más escéptico frente a tus conclusiones. Cuestiónate: “¿ Realmente estoy en lo cierto?”

Obviamente, no se trata de que pierdas confianza en ti mismo y empieces a preguntarte por todo, sino que cundo un pensamiento te haga sentir mal, lo investigues y lo examines en profundidad. “Inquirir” significa preguntarse, cuestionarse, averiguar. Los datos son contundentes: las personas que se revisan a si misma y se actualizan vive mejor.

El debate empírico
La pregunta clave que debes en este debate es: “¿La evidencia de que dispongo o contradice mi pensamiento?

Cuando buscas activamente la evidencia que sustenta un pensamiento, estás teniendo una actitud valiente y no sumisa frente a la mente. Si haces del debate basado en la evidencia una costumbre, un número considerable de malos pensamientos dejarán de molestarte.

El debate lógico
La pregunta clave que debes hacerte en debate es: ¿cuál es la lógica que estoy utilizando? O ¿Cómo llegué a esta conclusión? La estructura irracional más común en la que se sustenta un pensamiento ilógico suele estar en las premisas falsas y /o en definiciones erróneas de las cuales partimos.

Pensar bien e razonar bien, y para razonar bien hay que ser preciso.

El debate pragmático
Las preguntas que dirigen el debate pragmático son varias: ¿Adónde me llevará esta manera de pensar? ¿De qué forma estos pensamientos podrán ayudarme a tener una vida más placentera y productiva? ¿Qué pasaría si pudiera cambiar mis pensamientos negativos por otros más saludables y funcionales?
El debate pragmático se concentra en ver la utilidad del pensamiento, en sus ventajas y desventajas, a corto y mediano plazo.

El debate pragmático, nos obliga a ubicarnos en un punto razonable. Funciona con una doble motivación: Voy a cambiar, porque esta manera de pensar que me haga crecer como persona y no me genere un sufrimiento inútil”.

3. Detención del pensamiento y distracción
Dos des las estrategias más comunes que pueden llegar a calmar la ansiedad o la depresión ocasionada por los malos pensamientos son la detención del pensamiento y la distracción.

Detención del pensamiento
Los pensamientos se relacionan unos con otros, formando complejas cadenas altamente resistentes al cambio. La tarea consiste en bloquear los primeros eslabones e la cadena de pensamientos para evitar la ideas irracionales.

Distracción
La distracción es un método que podemos aplicar cundo los pensamientos negativos se encuentran en un nivel moderado o incluso para prevenir la aparición de los mismos La distracción depende de los gustos y de la capacidad creativa del sujeto. Podemos distraernos de diferentes maneras: entablando una conversación con alguien, llamando por teléfono, viendo un programa de televisión , haciendo ejercicios extenuantes, leyendo un buen libro o incluso haciendo meditación.

Un ejemplo típico ocurre cuando nos dejamos absorber por una buena película. Durante una hora y media o dos, dejamos de existir para el mundo.

Pensar bien requiere, al menos, de tres procesos básicos:

1. Identificar y controlar las distorsiones cognitivas (sesgos, profecía autorrealizadas y evitación) para ver las cosas como son y disminuir la resistencia al cambio

2. Identificar y eliminar los malos pensamientos responsables de las emociones destructivas y reemplazarlos por pensamiento más adaptativos que incluyan flexibilidad, optimismo, serenidad y moderación.

3. Crear y poner a funcionar esquemas saludables para mejorar la calidad de vida e incrementar la inmunidad a las enfermedades psicológicas.

Pensar bien es entablar un diálogo sostenido y sistemático contigo mismo. Un diálogo que incluya tus experiencias de vida y las relaciones que estableces con los demás y el mundo que te rodea.

Pensar bien es pensar racionalmente, sin descuidar la emoción y los sentimientos.

Ser una persona racional no significa excluir el afecto de tu vida sino integrarlo de manera razonada y razonable. Examinar de manera inteligente lo que piensas y sientes, tomar conciencia de ti mimo, de tu contradicciones, de tu irracionalidad enmascarada. Pero ocurre que no tomamos en serio la tarea. Nos atrae más lo banal y superficial, que lo trascendente. Reflexionar seriamente sobre la mente requiere de una tremenda inversión de energía, una motivación constante y una atención activa. Ganas, deseo y necesidad, todo junto, sin excusas, sin miedo.


Pensar bien es pensar con la menor cantidad posible de sesgos y distorsiones.

Pensar bien es hacer a un lado la ignorancia.

Aunque la felicidad no dependa directamente de la razón, cuando pensamos bien y somos capaces, dependa directamente de la razón, cunado pensamos bien y somos capaces de fundamentar inteligentemente nuestras acciones, un dejo de tranquilidad asoma. Es la alegría que potencia el ser, es la sensación de que estamos obrando a conciencia.
Pensar bien no es sentirse el centro del universo y hacer una apología al egocentrismo y la egolatría.

Somos malos procesadores de la información, ésa es la verdad. Pero al mismo tiempo tenemos a nuestra disposición las herramientas para gestar nuestra propia revolución psicológica y hacer del pensamiento un elemento liberador. La transformación está en tus manos.

¿ES ESTO AMOR?


Autores varios

PRESENTACION
Hola amig@s,

Uno de mis compromisos con la divinidad es enseñar y compartir todo lo que he aprendido. No es una locura que mis libros los resuma para mí y para ustedes y los presente como un aporte de Soluna-E. Mi anhelo es que todo lo que me ha servido le sirviera a los demás pero he comprendido que de las principales características de la creación de Dios es la diversidad así que ya no espero que a todos le surta lo que a mi.

“¿Es esto amor?” es realmente un test en el que descubrimos si estamos con la pareja adecuada o no. La gran mayoría de nuestras frustraciones se enrazan en que no tenemos la compañía adecuada sino que estamos mal acompañados.…

Lo primero que se hace para solucionar nuestra vida es saber qué nos pasa y tomar la decisión de que las cosas cambien.

Aunque quizá lo más interesante será cuando quien nos lee descubre que la pareja que tiene no es tan mala sino que el o ella quien no sirve.

Que lo disfruten. Y como siempre: Espero comentarios.

Atentamente,


Periodista, Escritor y Creador de Teatro César Chupina
Embajador Cultural de la Paz




¿ES ESTO AMOR?
Cómo determinar si tienes una buena relación con tu pareja

Te hace feliz la relación con tu pareja

Todos merecemos se felices. La mayoría de nosotros queremos tener una relación sana y cariñosa con nuestra pareja. ¿Qué constituye una relación sana? Una relación sana se basa en seis principios fundamentales.

· el respeto
· la confianza
· la honestidad
· una actitud justa
· la igualdad
· la buena comunicación

Una relación sana nos ayuda a sentirnos bien con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Nos hace sentir seguros. Las relaciones que no son sanas nos hacen sentir inseguros.

Respeto

Tú y tu pareja, se respetan mutuamente?
¿Escuchan las ideas de cada uno?
Si
No

¿Se tratan como amigos?
Si
No

¿Están orgullos el uno del otro
Si
No

Si respondiste sí a estas preguntas, es posible que sientas que tienes una buena relación con tu pareja.

Si no existe el respeto, una relación puede hacer daño.
En general, pensamos que sólo los golpes físicos lastiman, pero los insultos y la falta de consideración también hacen daño. Pueden destruir nuestra autoestima, es decir la opinión que tenemos de nosotros mismos.

Tu pareja...
¿Te hace sentir feo/a o tonto/a, o inseguro/a de ti mismo/a?
Si
No

¿Te dice que no podrías vivir sin él/ ella
Si
No

¿Te llama loco/a o tonto/a?
Si
No

¿ignora o se burla de tus sentimientos o ideas?
Si
No

¿desprecia tu raza, familia, cultura, religión, tus ingresos o tu vecindario?
Si
No

Si respondiste sí algunas de estas pregunta, quizás pongas en dudad si es que tienes una buena relación con tu pareja.


Confianza
¿Se tienen confianza, tú y tu pareja?
¿Entienden la necesidad de cada uno de tener una relación con sus amigos y familiares?
Si
No

¿se sienten seguros del amor que se tienen?
Si
No

¿Confían en las decisiones que toma cada uno?
Si
No

Si respondiste sí a estas preguntas, es posible que sientas que tienes una buena relación con tu pareja.

Sin confianza, las relaciones pueden provocar celos e infelicidad.
Una pareja celosa, dudad del amor y del compromiso que se tienen. Estableciendo confianza en hablando, escuchando, siendo honesto, respetándose los sentimientos y divirtiéndose juntos es la mejor cura para los celos.

Te dice tu pareja ...
“Si realmente me amarás no necesitarías a otros/as amigos/as.”
Si
No

¿me estás engañando, verdad?
Si
No

“Eres la única persona que me puede hacer feliz.”
Si
No

“Me moriría sin ti.”
Si
No

“Tienes suerte de tenerme.”
Si
No

Si respondiste sí a algunas de estas preguntas, quizás pongas en duda si es que tienes una buena relación con tu pareja.

Honestidad y una actitud justa

Tú y tu pareja, ¿son honestos y justos entre ustedes?
Ambos admiten cuando están equivocados?
Si
No

¿Se cuentan la verdad sin temor?
Si
No

¿Se perdonan los errores?
Si
No

Si respondiste sí a estas preguntas, es posible que sientas que tienes una buena relación con tu pareja.

Sin honestidad y una actitud justa, la relación puede verse afectada por mentiras e ira. Nadie puede tener siempre la razón o estar siempre equivocado. En una relación sana, las parejas admiten sus errores y pueden esperar ser perdonados

Tu pareja...
¿Siempre te culpa a ti cuando algo anda mal?
Si
No

¿Te obliga a pedirte permiso para hacer lo que quieres?
Si
No

¿Te obliga a hacer cosas que no quieres?
Si
No

¿Te controla para ver si estás en la escuela, el trabajo o en tu casa?
Si
No

¿Toma la mayoría de las decisiones?
Si
No

¿Quiere controlar el dinero?
Si
No

Si respondiste si a algunas de estas preguntas, quizás pongas en duda si es que tienes una buena relación con tu pareja.


Igualdad
Tú y tu pareja, ¿se tratan una al otro como iguales?
¿Dan y reciben en la misma medida?
Si
No

¿Toman juntos las decisiones sobre dinero?
Si
No

¿Están ambos dispuestos a llegar a un compromiso?
Si
No

Si respondiste si a estas preguntas, es posible que sientas que tienes una buena relación con tu pareja.

Sin igualdad, es muy posible que uno de los miembros de la pareja tome el control y haga infeliz a su pareja.

En una relación sana, ninguno de los miembros de la pareja “está en control.”

Tu pareja…
¿Controla tus ideas y vanidades?
Si
No

¿Te obliga a pedirle permiso para hacer lo que quieres?
Si
No

¿Te obliga a hacer cosas que no quieres?
Si
No

Te controla para ver si estás en la escuela, el trabajo en tu casa ?
Si
No

¿Toma la mayoría de las decisiones?
Si
No

¿Quiere controlar el dinero?
Si
No

Si respondiste sí algunas de estas preguntas, quizás pongas en duda si es que tienes una buena relación con tu pareja.


Buena Comunicación
¿Tienes una buena comunicación con tu pareja?
¿Hablan francamente acerca de lo que sienten?
Si
No

¿Logran solucionar sus desacuerdos?
Si
No

¿Se escuchan mutuamente sin juzgar?
Si
No

Si respondiste si a estas preguntas, es posible que sientas que tienes una buena relación con tu pareja.
Si una buena comunicación, pueden haber muchos malentendidos. En una relación sana, las parejas hablan con franqueza y escuchan lo que tienen que decirse.

Tu pareja...
¿Se rehúsa hablar sobre la relación?
Si
No

¿Evita que digas lo que piensas?
Si
No

¿Te grita?
Si
No

¿Se niega a hablar sobre tus sentimientos y preocupaciones?
Si
No

¿Se niega a decirte tiempo?
Si
No

¿Te ignora o menosprecia con su indiferencia?
Si
No

Si respondiste si a algunas de estas preguntas, quizás pongas en duda si es que tienes una buena relación con tu pareja.

El amor y la ira
El amor no debe lastimar. En una relación feliz y sana los miembros de la pareja tratan de no lastimarse mutuamente. Es cierto que todos nos enojamos, pero cuando esto sucede tenemos una opción, podemos expresarlo de una manera negativa y lastimar a la otra persona
Algunas personas usan la ira y la violencia para asustar y controlar a la pareja.

Tu pareja alguna vez..
¿Amenazo con pegarte?
Si
No

¿Te amenazó con una arma?
Si
No

¿Te pegó una cachetada o un golpe?
Si
No

¿Te obligó a salirte de la carretera o detener el automóvil?
Si
No

Te impidió que entrarás a tu casa o al automóvil?
Si
No

¿Te abandonó en un lugar peligroso?
Si
No

¿Amenazó con dejarte si no cumples con sus deseos?
Si
No

¿Impidió que te encontrarás con un amigo o familiares?
Si
No

¿Destruyó o daño cosas importante par ti fotografías, libros, ropa, animales domésticos?
Si
No

Si respondiste si a algunas de estas preguntas, quizás pongas en duda si es que tienes una relación segura con tu pareja.

Recuerda: tú y tu pareja siempre tienen opciones, aunque estén enojados.

El amor y el abuso sexual
Aprenda a decir que “no”
Muchos de nosotros pensamos que ya que estamos enamorados, nunca podemos decir “no” al sexo. Incluso pensamos que ya estamos casados nunca podemos decir que “no.” No importa qué tipo de relación tengas, si te fuerzan a tener relaciones sexuales, esto es una violación. Si te humillan o te fuerzan a cometer cualquier tipo de acto sexual, esto es abuso sexual.

Tu pareja...
¿Quiere que uses ropa “sexy” que a ti no te gusta?
Si
No

¿Te insulta con referencias sexuales?
Si
No

¿Muestra interés sexual en otros/as para molestarte?
Si
No

¿Te toca de una manera que no te hace sentir cómodo/a?
Si
No

¿Te fuerza a tener relaciones sexuales?
Si
No

Si respondiste sí a algunas de estas preguntas, quizás pongas en duda si es que tienes una relación segura con tu pareja.


Si tu relación te hace sentir inseguro/a.....

Confía en tus instintos.
Si sientes que te están maltratando, probablemente tienes razón. Si no te sientes seguro/a, es posible que estés en peligro. Si tu instinto te dice que debes alejarte de tu pareja, hazlo.

Habla con alguien.
Habla con un amigo en el que puedes confiar, o llama a la línea telefónica gratis confidencial (1-800-799-SAFE) para hablar con un consejero en privado. Si piensas que el peligro es inminente, llama a la policía.

Si alguien que conoces está en una relación insegura.
No trates de “tomar control”.
Recuerda que es muy difícil terminar una relación.
Ayúdanos a que busquen consejo profesional para la persona que tú piensas está en problemas.

Todo comienza contigo.
Tener una relación cariñosa y sana depende de ti.
¿Te respetas a ti mismo/?
¿Confías en ti mismo/a?
¿Eres honesto y justo/a contigo mismo/a?
¿Esperas que los demás te traten como igual y como una persona responsable?
¿Hablas francamente sobre tus sentimientos?

Cuando puedas contestar si a estas preguntas, entonces estarás listo (a) para tener una relación feliz y sana con alguien que esté dispuesto (a) como tú. ¡Buena suerte!

LA MARAVILLA DE LA AMISTAD

Autores varios

PRESENTACION
Hola amig@s,

Uno de mis compromisos con la divinidad es enseñar y compartir todo lo que he aprendido. No es una locura que mis libros los resuma para mí y para ustedes y los presente como un aporte de Soluna-E. Mi anhelo es que todo lo que me ha servido le sirviera a los demás pero he comprendido que de las principales características de la creación de Dios es la diversidad así que ya no espero que a todos le surta lo que a mi.

“La maravilla del a amistad” es el título que damos a esta recapitulación de frases de autores varios de todos los tiempos. No es más que algo que hacemos todos: Anotar frases de este libro o del otro para luego tenerlas… pues bien… eso hicimos… Que las disfruten.


Y como siempre: Espero comentarios. Aunque en este caso seria buenos que nos mandara las frases que ha recopilado o las propias en otro a esta maravilla que es la amistad…

Y para quienes dicen que no hay amigos… no cabe duda que están muertos. Se los dice alguien que es rico… en amigos y amigas por supuesto… grandes espejos de mi alma… de los más pulidos y hermosos…

Por cierto que le dedico esta recapitulación a todos mis amigos y amigas… Gracias por ser una extensión de mi ser… la familia que he elegido para pasármela mejor en este mundo…

Atentamente,


Periodista, Escritor y Creador de Teatro César Chupina
Embajador Cultural de la Paz



LA MARAVILLA DE LA AMISTAD
La amistad es un lugar muy especial

Cuando le preguntaron: “¿Qué es la amistad?”, él respondió: “Es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que palpita en dos almas”.
Aristóteles

En la amistad, vemos solo aquellos defectos que pueden herir a nuestro amigo. En el amor, damos importancia a los que nos hieren a nosotros.
Jean de La Bruyére

No existe desierto como vivir sin amigos: la amistad multiplica los bienes y reparte los males; es remedio único contra la adversa fortuna y un desahogo del alma.
Baltasar Gracián


La amistad es maravillosa porque es libre: no espera nada, lo da todo y se la encuentra sin buscarla.
María Doval

Cultivo una rosa blanca en junio como en enero
para el amigo sincero que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo una rosa blanca.
José Martí

Lleva ligera la barca de la vida y provéela solamente de las cosas que te sean necesarias: placeres simples e íntimos, uno o dos amigos dignos de ese nombre, alguien que te ame y a quien tú ames, un gato, un perro, una pipa (o dos). No olvides suficientes provisiones para nutrirte y vestirte y un poco más que lo necesario para saciar tu sed...
Jerome K. Jerome

El destino nos da los hermanos, pero el corazón elige los amigos.
Anónimo

Leales son los golpes de un amigo; traidores, los besos de un enemigo.
Proverbios 27,6

Un verdadero amigo se ríe de tus chistes aunque no sean muy buenos y comparte tus problemas aunque no sean muy serios.
Lucy Larcom

La amistad es como el oro legítimo porque cuanto más se usa, más reluce, mientras que el oro falso se opaca pronto.
Manuela Casal

Quienes cuentan con amigos afectuosos son más saludables y más felices que quienes no los tienen. Un amigo es un tesoro más valioso que el oro y las piedras preciosas.

El dinero puede comprar muchas cosas buenas y malas, pero toda la riqueza del mundo no puede comprarte un amigo ni compensarte por la pérdida de uno.
G.D. Prentice.

El amor necesita algo de ceguera; la amistad, mucho de conocimiento.
Conde de Bussy- Rabutin

Un amigo es un regalo que te haces a ti mismo.
Robert Louis Stevenson

El espíritu olvida todos los sufrimientos cuando la tristeza tiene compañía y amistad que la consuele.
Shakespeare

Compartir el gusto por las mismas cosas (y también el disgusto por otras): ésa es la verdadera amistad.
Salustio

Mientras amemos, nuestra vida tiene un sentido; mientras seamos amados por alguien, casi diría que somos indispensables: Ningún hombre es inútil mientras tenga un amigo
Robert Louis Stevenson

¿Cuál es la amistad verdadera? Aquella que me acompaña en mis alegrías, me consuela en mis tristezas y mira con indulgencia mis errores.
Josefina Abal

De todos los dones celestiales por los que ruegan los hombres mortales,
¿Cuál será comparable con un amigo?
Nicholas Grimald

Soñé un sueño en el que vi una ciudad invencible frente al ataque de todo el resto de la tierra.
Soñé con la nueva ciudad de la amistad.
Walt Whitman

Amigos de hoy y amigos de
siempre...


Hay personas a las que reconocemos de inmediato como amigos; uno se siente a salvo en su compañía porque sabe que jamás, jamás estará en peligro con ellos.
Graham Greene

El recuerdo de una amistad de la escuela tiene cierta fuerza mágica y conmueve el corazón.
Disraeli

Mi viejo abrigo y yo vivimos juntos muy cómodamente. El ha adoptado todas mis arrugas, no me molesta en ninguna parte, se ha amoldado a mis deformidades, es complaciente con todos mis movimientos y solo siento su presencia porque me mantiene caliente. Los viejos abrigos y los viejos amigos son iguales.
Víctor Hugo

Bendito el hombre que contempla el rostro de un amigo en un país lejano; la oscuridad de su corazón se desvanece como en un amanecer; vuelve el sonido de una dulce melodía tiempo atrás oída y ya casi olvidada...
Se parece al regreso de los pájaros al bosque cuando el invierno ha terminado.
Henry Van Dyke

Los años traen lo mejor de cuatro cosas:
La madera estacionada para quemar,
El vino añejo para beber,
los antiguos amigos para confiar
y los autores clásicos para leer.
Francis Bacon

...Porque la memoria ha pintado este día perfecto con colores que jamás se borrarán y porque encontramos, al final de este día perfecto, el alma de un nuevo amigo.
Carrie Jacobs Bond

Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que no podría nacer si él no hubiera llegado. En ese único encuentro nace un mundo nuevo.
Anais Nin

Un amigo fiel no tiene precio ni existe medida para pesar su valor.
Eclesiastés 6, 15

El tiempo, que muchas veces debilita el amor, casi siempre fortalece la amistad.
Jean de la Bruyère

Nuestro mejor espejo es un viejo amigo.
George Herbert

Somos todos viajeros en este mundo inhóspito y lo mejor que podemos encontrar en nuestro viaje es un amigo fiel.
Robert Louis Stevenson

Si caminas frente a mí, tal vez no pueda seguirte. Si caminas atrás, tal vez no pueda guiarte. Sé mi amigo: camina a mi lado.
Anónimo


La amistad es una planta delicada

Es una flor la amistad
que nace rápida y crece
y el jardín embellece
con su cáliz seductor,
pero pierde la fragancia
y muere de languidez
si le falta alguna vez
el riego de la constancia.
M. Martínez

No te apresures en hacer amigos, pero sé constante en retenerlos cuando los hayas hecho.
Juan Luis Vives

Si juzgas a la gente, no tendrás tiempo de amarla.
Madre Teresa de Calcuta

Es prudente verter sobre el mecanismo de la amistad el aceite de la cortesía
Colette

Alguien dijo que la amistad es como una llave de cristal: abre las puertas de la compañía y cierra las de la soledad. Pero si esa llave de cristal se rompe, nadie podrá arreglarla.
María Doval

La amistad solo se compra con amistad. Un hombre puede tener autoridad sobre otros, pero nunca poseerá sus corazones a no ser que entregue el suyo.
Thomas Wilson

De los negocios, como sabes, se puede obtener dinero. Pero con la amistad raramente ocurre lo mismo.
Jane Austen

Muy poco das cuando das lo que posees. Pero mucho entregas cuando te entregas a ti mismo.
Gibrán Jalil Gibrán

Hay hombres –decía Sócrates- que ponen todo su empeño en cultivar árboles para recoger sus frutos y se ocupan con pereza y despreocupación del bien más preciado: ese que llamamos amigo.
Jenofonte

No trates de intervenir en una discusión entre dos de tus amigos. Casi seguramente uno de ellos dejará de serlo.
San Agustín

La sagrada pasión de la amistad es tan dulce, firme y leal que durará a través de toda una vida. Siempre que no pidas dinero prestado a tu amigo.
Mark Twain

No permitas que crezca la hierba en el camino de la amistad
Platón

Dejar que una amistad muera por negligencia o por silencio es una locura comparable a arrojar lejos uno de los mayores tesoros de este cansador peregrinaje.
Samuel Johnson

El amor de la amistad debe ser gratuito. No ames a un amigo por lo que pueda darte. Si lo amas porque te ofrece dinero u otro bien temporal, amas su regalo y no a él. Un amigo debe ser amado libremente, por si mismo y nada más.
San Agustín


La amistad es compartir momentos



Los amigos nos conocen en los tiempos de la abundancia. Nosotros los conocemos en las dificultades.
Anthony Collins

¿Hay algo más agradable en este mundo que sentarse con tres o cuatro amigos delante de una mesa bien servida, en el antiguo comedor de los padres y ... sumergir la cuchara en una buena sopa y pasar los platos diciendo: Degusten esto, amigos míos y denme su opinión?
Erckmann Chatrian

La amistad nos beneficia siempre.
El amor, a veces nos causa daño.
Séneca

Feliz es la casa que recibe un amigo.
Ralfh W. Emerson

Los pequeños amigos suelen ser grandes amigos.
Esopo

En los momentos felices mi amigo acude únicamente si lo llamo; pero, en los tristes, viene sin que se lo pida.
Demetrio

Imaginemos que un hombre pudiera subir al cielo y mirar todo el universo desde allí... Su admiración por la belleza no sería competa si no tuviera un amigo con quien compartir su placer.
Cicerón

Una mujer puede convertirse en amiga de un hombre solo de esta forma: Primero, será una conocida, luego, una amante y únicamente entonces, una amiga.
Anton Chejov

Las personas solitarias conocen la plena alegría de la amistad. Los demás tienen a su familia; pero, para el solitario y para el exiliado sus amigos significan todo.
Willa Sibert Cather

Si amamos a Dios como un servidor ama a su amo, El nos amará como Señor. Pero si lo amamos como a un amigo, podrá contarnos sus secretos: estos son solo para los amigos.
Santa Catalina de Siena.

La amistad no puede inventarse. Nace naturalmente de la comunión de pensamientos, de la vivencias compartidas, surge espontáneamente, no por decisión propia.
Fedor Dostoievsky

Desde siempre supe que seríamos amigos: no solo porque podemos hablar de todo, sino porque sabemos callar juntos.
Manuela Casal

El profeta le dijo al joven:
“Que lo mejor de ti sea para tu amigo.
Puesto que él conoce tu bajamar, deja que también conozca tu pleamar.
Y no lo busques para matar las horas, sino para vivir las horas. Porque su papel es llenar tus necesidades, pero no tu vacío.
Y que en la dulzura de la amistad haya risas y placeres compartidos. Porque en el rocío de las pequeñeces el corazón encuentra su mañana y se refresca.”
Gibrán Jalil Gibrán

APRENDIENDO A QUERERSE A SI MISMO



Walter Risso
Grupo Editorial Norma, 2003.


PRESENTACION
Hola amig@s,

Uno de mis compromisos con la divinidad es enseñar y compartir todo lo que he aprendido. No es una locura que mis libros los resuma para mí y para ustedes y los presente como un aporte de Soluna-E. Mi anhelo es que todo lo que me ha servido le sirviera a los demás pero he comprendido que de las principales características de la creación de Dios es la diversidad así que ya no espero que a todos le surta lo que a mi.

“Aprendiendo a quererse a sí mismo” de Walter Risso nos recuerda que todo parte de la idea que tengamos de nosotros mismos, en que etapa de la vida se enraízan en nosotros los complejos, revive el hedonismo como una manera de vivir y da un par de recetas para lograr que todo lo que dice el libro se incorpore a nuestras vidas.

Leemos en uno de los párrafos: “Si te sientes una persona poco interesante y atractiva, darás esa imagen a los demás. En cierta manera, la belleza es una actitud. Los famosos “feos” o “feas-atractivas” son el resultado de una actitud positiva hacia sí mismo. Si te auto compadeces, te compadecerás. Si te tienes lástima, inspirarás pesar. El aspecto físico es sólo uno de los componentes de tu auto imagen Ser bien parecido es uno de los tantos requisitos de la atractibilidad. Pero no es el único. Ni siquiera el más importante de la atracción interpersonal”.

Bástenos la anterior cita para motivar a l@s destinatari@s para seguir leyendo el resumen y disfrutarlo porque imagino que desean ser felices y tener la oportunidad de “Ser Persona”.

Y como siempre: Espero comentarios.

Atentamente,


Periodista, Escritor y Creador de Teatro César Chupina
Embajador Cultural de la Paz


Quererse a si mismo es quizás el hecho más importante que garantiza nuestra supervivencia en un mundo complejo y cada vez más difícil de sobrellevar.

Nuestra civilización intenta inculcar principios tales como respeto al ser humano, el sacrificio, el altruismo, la expresión de amor, el buen trato, la comunicación, etc., pero estos principios están dirigidos al cuidado de otros humanos. El auto respeto, el auto amor, la auto confianza y la auto comunicación no suele tenerse en cuenta.

No solo rechazamos la auto aceptación honesta y franca, no nos importa que sea cierta o no, sino que promulgamos y reforzamos la negación de nuestras virtudes.

El auto elogio, así se tenga razón, producen rechazo y fastidio. Esta política de no hablar bien de uno mismo en público, de no ser exagerado en auto recompensarse, de no darse mucho gusto, de disimular, de gran modestia, etc. termina por convertirse en un valor del que hacemos uso con demasiada frecuencia.

Desgraciadamente, nuestra estructura mental se va formando más sobre la base de la evaluación ajena que en la auto evaluación, y nos hacemos victimas de nuestro propio invento.

La inmunidad al flagelo de la depresión sólo se logra si aprendes a quererte.

Desde pequeños nos enseñan conductas de auto cuidado personal: lavarnos los dientes, bañarnos, cortarnos las uñas, comer, controlar esfínteres y vestirnos. ¿pero qué hay del auto cuidado y de la higiene mental? No se nos enseña a querernos, a gustarnos, a contemplarnos y a confiar en nosotros mismos.

La imagen que tienes de ti mismo no es heredada o genéticamente transmitida. Tal como se desprende de lo dicho hasta ahora, es aprendida.

Así como construyes una representación interna del mundo que te rodea, también construyes teorías y conceptos sobre ti mismo. La relación que estableces con el mundo no sólo te permiten conocer el ambiente, sino también tu comportamiento frente a el.

Estas experiencias de contacto con personas (amigos, padres, maestros) y cosas de tu universo material inmediato desarrollan una idea de cómo eres en realidad. Los fracasos y éxitos, los miedos e inseguridades, las sensaciones físicas, los placeres y disgustos, la manera de enfrentar los problemas, lo que te dicen que eres, lo que no te dicen, los castigos, etc., todo confluye y se organiza en una imagen interna sobre tu propia persona: tu yo o tu auto esquema.

Si crees ser un perdedor, no intentarás ganar.

Los humanos mostramos la tendencia conservadora a confirmar, más que a desconformar, las creencias.

Si configuras un auto esquema negativo, él te acompañará por mucho tiempo si no te esfuerzas en modificarlo.

En resumen. Lo que piensas y sientes acerca de ti mismo es aprendido y almacenado en forma de teorías llamadas auto esquemas. Hay auto esquemas positivos y negativos.

Si tu auto esquema es positivo y no lo alimentas, se desvanecerá. La negación del reconocimiento personal es una forma de autodestrucción.

En los auto esquemas se entrelazan cuatro aspectos fundamentales que son: el Auto concepto (qué piensas de ti mismo), la Auto imagen (qué tanto te gustas), la Autoestima el auto refuerzo (qué tanto te premias) y la Auto eficiencia (qué tanta confianza tienes en ti mismo). Son los cuatro soportes de un buen ego, o los cuatro jinetes del Apocalipsis. Sin fallas en alguno, será suficiente para que tu auto esquema se muestre cojo e inestable.

Pese a que los auto esquemas negativos pueden destruirnos, los humanos mostramos la inexplicable tendencia a conservarlos y alimentarlos.

Esta manera de confirmar la autovaloración negativa, comportándose como si realmente fuera cierto, es muy común. Los psicólogos sociales han llamado a este mecanismo, generalmente inconsciente, profecías autorrealizadas.

Si tu auto esquema está irracionalmente estructurado, distorsionarás la realidad. Te sentirás estúpido pese a ser inteligente, horripilante sin serlo, incapaz siendo capaz y, finalmente, intentarás castigarte por no creerte merecedor de una felicitación.


HACIA UN BUEN AUTOCONCEPTO
Hemos aprendido a echarnos la culpa por casi todo lo que hacemos mal y a dudar de nuestra responsabilidad cuando lo hacemos bien.

La autocrítica es buena y productiva si se hace con cuidado. A corto plazo puede servir para generar nuevas conductas, pero si se utiliza indiscriminada y dogmáticamente, genera estrés y es mortal para nuestro auto concepto.

Algunas personas, por tener un sistema de auto evaluación inadecuado, adquieren el “vicio” de autor rotularse negativamente por todo. En vez de decir: “Me comporté torpemente”, dicen: “Soy torpe”.

El auto castigo ha sido considerado, equívocamente, una forma de producir conductas adecuadas. Una elevada autoexigencia producirá estándares de funcionamiento, altos y rígidos. Sin embargo, si bien es importante mantener niveles de exigencia personal relativa o moderadamente altos para ser competentes, el “cortocircuito” se produce cuando estos niveles son irracionales, demasiado altos e inalcanzables.

“La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar”.
Un nivel exagerado de autoexigencia genera patrones estrictos de auto evaluación.

Si eres demasiado autoexigente y autocrático, utilizarás un estilo dicotómico. Esto quiere decir, de extremos. Las cosas sólo serán blancas o negras buenas o malas.

Absurdo. No hay nada absoluto. Todo depende del cristal con que se mire. Como es de esperarse, si deseas fervientemente el éxito, el poder y el prestigio, temerás al fracaso.

La auto observación negativa, al igual que la auto evaluación y el auto castigo, genera estrés, disminuye el rendimiento, maltrata el ego y a largo plazo, afecta el auto concepto.

El uso de estándares extremadamente rígidos, perfeccionistas e irracionales, aumenta la distancia entre tu y yo (lo que te gustaría hacer o ser) y tu yo real (lo que realmente haces o eres).

Si alguien valientemente toma la difícil decisión de “viajar bien”, la presión social es inexorable y cruel. Si además, la meta no es coincidente con lo valores del grupo de referencia, el nivel de sanción puede llegar a ser realmente intolerable. Aquellos objetivos que se distancian de la producción económica son vistos como sinónimos de vagancia, bohemia o idealismo.

La estabilidad absoluta no existe. Es un invento de los que temen al cambio. Ceñirte ciegamente a los estándares propios o externos es coartar tu libertad de pensar.

Las personas mentalmente rígidas, autocríticas y estrictas consigo mismas son personas normativas. Suelen encerrarse en una cárcel fabricada por ellas mismas y el medio educativo, cuyos barrotes son un conjunto de virtudes y valores no siempre racionales, de los cuales no pueden escapar.

Han puesto tantas condiciones y requisitos para transitar por la vida, que el camino se vuelve demasiado angosto y estrecho para andar cómodamente por el. Ser flexible es sin lugar a dudas, una virtud de las personas inteligentes.

Como una grotesca caricatura, las personas muy autocríticas se colocan una camisa de fuerza para no desquiciarse y el resultado, paradójicamente, es el desajuste psicológico.

Salvando el auto concepto
Trata de ser más flexible, tanto con otros como contigo mismo. No pienses en términos absolutistas: no hay nada totalmente bueno o malo. Las cosas rígidas son menos maleables, no soportan demasiado y se quiebran. Si eres normativo, perfeccionista, intolerante y demasiado conservador, no sabrás qué hacer con la vida. Ella no es así.

Busca a tu alrededor personas a las cuales ya tienes catalogadas y dedícate a cuestionar la etiqueta que ya tienes de ellas.

No rotules a las personas, tú incluido, con totalidades.

Las personas no son, simplemente se comportan. La intransigencia genera odio y malestar.

Permítete no ser tan normativo. Trata de no ser perfeccionista. Convive con el desorden una semana. Piérdele el miedo, pero no te hagas amigo de él.

No rotules, ni te auto rotules. Habla sólo en términos de conductas.

Concéntrate en los matices. Piensa más en las alternativas y las excepciones a la regla.
Escucha a las personas que piensan distinto de ti. Esto no implica que debas necesariamente cambiar de opinión, simplemente escucha. Deja entrar la información y luego decide.

Revisa tus metas y las posibilidades reales para alcanzarlas

Cuando definas alguna meta, también debes definir los escalones o las sub metas. Intenta disfrutar, “paladear” el subir cada peldaño, como si se tratara de una meta por sí misma. No esperes hasta llegar al final para descansar y disfrutar.

No auto observes sólo lo malo No pienses mal de ti. Ejerce el derecho a equivocarte.

Los errores no te hacen mejor o peor, simplemente te curten. Sólo te recuerdan que
eres humano.

La autocrítica moderada, la auto observación objetiva, la auto evaluación constructiva y el tener metas racionalmente altas son conductas necesarias.

Estos procesos no son malos en si mismos, dependen de cómo se utilicen y para dónde apunten. Mal utilizados, de manera rígida, dura, destructiva y compulsiva, afectan el auto concepto. Utilizados adecuadamente sirven como una guía alentadora.

Nuestra cultura pareciera preferir personas psicológicamente perturbadas pero exitosas, a personas psicológicamente sanas, pero fracasadas. Sin embargo, el éxito aquí es secundario.



HACIA UNA BUENA AUTOIMAGEN
Las personas somos crueles con aquéllas que reúnen las características de feas.
Los humanos no toleramos los extremos estadísticos.

Obviamente, no me refiero a las personas que desafortunadamente nacen con malformaciones manifiestas.

Como sea, el aspecto que adopta la estructura molecular de nuestro cuerpo es fuente de atracción o repulsión.

El juicio estético que la cultura da a la apariencia física tiene enormes consecuencias para nuestro futuro. Tal como lo sustentan un número considerable de investigaciones, las opiniones, cualesquiera sean ellas, se ven afectadas por el grado de atractibilidad del observado.

No hay un critico universal de belleza. El patrón ideal de lo que es hermoso se aprende a través de las experiencias personales y sociales del entorno inmediato.

El grupo de referencia y las relaciones que establecemos con las personas son determinantes. Si el grupo que forma el núcleo familiar considera la belleza física como un valor y el niño no reúne las características esperadas de “lindo”, no será aceptado incondicionalmente.

Las familias que hacen de la belleza un don apreciable y fundamental, no sólo crean en el niño la necesidad de ser hermoso, sino que inculcan estándares e ideales inalcanzables de belleza física.

Otro factor que define notoriamente la auto imagen es el éxito alcanzado con el sexo opuesto. Las personas “gustadoras” no suelen tener problemas de auto imagen.

Los adolescentes que fracasan en conseguir pareja generan problemas de auto imagen en un gran porcentaje de casos.

Una de las causas más terribles y devastadoras de la pérdida de auto imagen es la burla. En la temprana infancia, cuando los niños son cruelmente sinceros, comienzan a gestarse los llamados complejos. Por alguna extraña razón, los apodos y los sobrenombres siempre dan donde más duele.

Y aunque se produzca una metamorfosis positiva con los años, es decir, que el defecto desaparezca, la burla deja sus huellas. A veces nos recetamos, sobre todo en la preadolescencia y en la adolescencia, una revisión detallada y crítica de lo que somos físicamente. Pero no lo hacemos con cuidado, somos feroces y desalmados con nosotros(as) mismos(as).

Es increíble la habilidad de algunas personas para detectarse defectos, barritos, arrugas, espinillas, veinte gramos de más o cualquier problema similar. No estoy criticando el cuidado o el arreglo personal, sino la preocupación obsesiva por ser “bello” siempre y a toda hora.

Si la autoafirmación personal gira alrededor de la belleza física, esto no sólo indica una pobre vida interior, sino una muerte prematura.

Resumiendo, el ambiente inmediato en el cual crecemos y las experiencias que en él tenemos sobre nuestra apariencia física determinan el grado de auto aceptación. Los diversos episodios de contacto con otras personas, y más tarde la propia comparación, son almacenadas en la memoria en forma de auto imagen.

La belleza es algo relativo a la época y al lugar. Nadie es dueño de la verdad.

Esto significa que puedes decidir tu propio concepto de lo bello. Es difícil pero vale la pena intentarlo. Así como vestirse bien no implica seguir dócilmente la moda, para gustarte a ti mismo no tienes que utilizar los criterios que vende los medios de comunicación.

Los requisitos sobre tus preferencias son básicamente afectivos. Me gusto porque me gusto. En las cuestiones afectivas, de agrado o desagrado, los “porqué” generalmente sobran y no aportan nada nuevo; por el contrario, confunden. En cuestión de gustos, la lógica sobra.

Cuando se trata de uno mismo, le echamos demasiada cabeza al asunto. Podemos sentirnos atraídos por una persona que no sea bella, pero si se trata de la propia auto imagen somos implacables.

Lo importante, entonces, no es ser bello, sino gustarse a sí mismo. Para lograrlo no es conveniente utilizar criterios rígidos y estrictos.

Las propaganda tienen por objetivo mostrarte cuánto te alejas de la belleza “perfecta”. Ellas te ofrecen un producto para alcanzar ese ideal. Si aceptas pasivamente ese modelo de belleza, terminarás pensando que eres horrible.

Lo correcto sería destacar las cosas que realmente te agradan de ti mismo(a) y no lo que las convenciones establecen como adecuadas. Aprecia lo que realmente te gusta, aunque no coincida con la “onda” general.

Tu cuerpo y el modo en que lo cubras deben gustarte primero a ti.

Vístete, píntate, adelgaza, pero para halagarte, no para halagar.

Recapitulemos lo dicho hasta aquí. La auto imagen es aprendida a través de nuestras experiencias con el ambiente inmediato (amigos, novios, familia, etc.) y del aprendizaje social que hacemos de los medios de comunicación. Por lo general, los niveles de atracción o rechazo, es decir nuestras predilecciones de lo agradable o desagradable, son procesados inconscientemente y en un ámbito puramente afectivo.

Para mejorar la auto imagen
Para salvaguardar tu auto imagen o rescatarla, si es el caso, debes tener en cuenta los siguientes aspectos:

Ø Trata de definir tus propios criterios de lo que es bello o estético.

Ø Trata de ser una persona espontánea y auténtica cuando elijas. Lo atractivo para ti es una elección que solo tú puedes hacer. Arriésgate a ensayar e inventar sobre tu arreglo personal. A la pregunta estúpida: “¿se usa?”, simplemente contesta: “no tengo la menor idea”.

Ø Descarta la perfección física y los criterios estrictos.

Ø No hay un absoluto. Hay niveles de atracción. Disfruta lo que tienes y no te exijas lo imposible.

Ø Descubre y destaca las cosas que te gustan de ti.

Ø Siéntete orgulloso y feliz de tus atributos físicos. No importa si son muchos o pocos, eres afortunado por lo que tienes.


Tu auto imagen se transmite a otros
Si te sientes una persona poco interesante y atractiva, darás esa imagen a los demás. En cierta manera, la belleza es una actitud. Los famosos “feos” o “feas-atractivas” son el resultado de una actitud positiva hacia sí mismo. Si te auto compadeces, te compadecerás. Si te tienes lástima, inspirarás pesar.

El aspecto físico es sólo uno de los componentes de tu auto imagen

Ser bien parecido es uno de los tantos requisitos de la atractibilidad. Pero no es el único. Ni siquiera el más importante de la atracción interpersonal.

Las personas, además de “lindas” o “feas”, pueden ser cálidas, amables, inteligentes, tiernas seductoras, sensuales, interesantes, adecuadas, alegres, afectuosas, graciosas, etc.

no importa qué seas y cómo seas. Si realmente te agradas y gustas, siempre encontrarás alguien que guste de ti

El auto desagrado inmoviliza. Las personas que no se gustan anticipan el rechazo y evitan la gente. Gustarse es abrir los horizontes afectivos. Es arriesgarse y aumentar las probabilidades de conocer gente.


HACIA UNA BUENA AUTOESTIMA
El amor se exterioriza hacia fuera con conductas. Si no expreso el sentimiento positivo, el amor se vuelve algo inconcluso, trunco y descolorido. De manera similar, el amor a uno mismo debe expresarse con comportamientos tangibles, aunque la cultura los vea mal.

Promulgamos el amor al prójimo a los cuatro vientos, repudiamos la agresión y el maltrato a otros, pero se nos permite, y hasta es bien visto, que regateemos, economicemos y midamos las auto expresiones de afecto.

Pensamos que el tiempo mejor aprovechado es el destinado a producir bienes materiales o dinero. No nos interesa producir salud mental.

Es indudable que la cultura no enseña a “perder el tiempo” de manera psicológicamente productiva, esto es, dándonos gusto y contemplándonos.

Es un acto de irresponsabilidad no dedicar tiempo a ti mismo. Quererse a sí mismo, en principio, no debería ser distinto a querer a otros. Cuando amamos a alguien, intentamos hacérselo saber con actos dirigidos a producirle bienestar y satisfacción. De manera similar, debes demostrarte a ti mismo que te quieres con actos dirigidos a producir auto bienestar y autosatisfacción.


Filosofía hedonista
Hedonismo significa placer, satisfacción, regocijo, goce y bienestar. Una filosofía hedonista implica un estilo de vida orientado a buscar el disfrute y a “sacarle el provecho” a las cosas que nos rodean. No expresa, como creen algunos, una conducta irresponsable y descontrolada. Tampoco significa desconocer la importancia de la disciplina y la organización.

Tratar de pasarla lo mejor posible no es sinónimo de vagancia, pereza o donjuanismo.

Entre el extremo del autocontrol excesivo (ascetista) y la búsqueda desenfrenada del placer inmediato (epicureismo), hay un punto intermedio donde es posible el deleite responsable.

Es imposible aprender a quererte a ti mismo si no aceptas vivir intensamente.

Uno de los grandes males del siglo veinte es la escasa capacidad de sentir pasión. No importa hacia qué, la pasión es darle sentido a la vida, es crear un sentimiento de alto grado de fuerza y vigor, es vibrar con energía.

No hace falta subir la montaña más alta del mundo o cruzar a nado el Amazonas. El pleno disfrute se observa también en las cosas cotidianas, como coleccionar escapularios, cultivar rosas, leer, ir al cine, escribir, cocinar, jugar ajedrez, ser radioaficionado, pintar, etc. cualquier cosa que elijas puede convertirse en tu pasión, si trabajas activamente para ello.

El desarrollo de la corteza cerebral y del lenguaje, si bien ha permitido evolucionar en muchos aspectos, nos ha alejado del legado sub cortical emocional de nuestro pasado filogenético en dos factores principales: la conducta de exploración y la sensibilidad emocional.

La exploración es uno de los comportamientos que más garantiza el desarrollo inteligente y el desarrollo emocional de nuestra especie.

La curiosidad es uno de los factores que ha permitido el desarrollo y mantenimiento de la vida en el planeta. Husmear, escudriñar y explorar llevan a una de las mayores satisfacciones: es descubrimiento y la sorpresa.

Lastimosamente, la civilización actual ha ejercido influencias desastrosas sobre nuestra capacidad de búsqueda. El avance tecnológico ha contribuido a la pereza y a la indolencia. Cada día caminamos menos. Nuestra vida ya no depende tanto de la capacidad de exploración. La atrofia del espíritu indagador ha dado paso a la costumbre sedentaria del ocio.

El que busca encuentra. La felicidad no llega a la puerta; hay que salir a buscarla y pelear por ella.

Cuando induzco a mis pacientes a que incrementen su ambiente motivacional, muchos me dicen: “¿y qué hago?”. Yo les contesto: “buscar”. No hay una lista prefabricada sobre qué hacer de bueno con la propia vida.

Si has perdido la capacidad de exploración, debes recuperarla. De otro modo, jamás, podrás acercarte a una filosofía hedonista.

El segundo factor que interfiere con un estilo de vida placentero es la capacidad de sentir.

Los sentidos primarios han sufrido, sin lugar a duda, un adormecimiento. El olfato y el tacto han ido perdiendo importancia adaptativa para nuestra especie.

El sistema de procesamiento humano de la información tiene dos formas de operar. Una es voluntaria o controlada, y la otra automática o no consciente. La primera depende de aquellos estratos más desarrollados del sistema nervioso central (hemisferio izquierdo de la corteza cerebral) y procesa información lógico lingüística.

El sentimiento, a diferencia de los procesos de pensamiento, tiene algunas características que le son propias: es automático (no consciente), requiere menos esfuerzo mental, es inescapable, irrevocable, total, difícil de verbalizar, difícil de explicar y de entender. Cabe señalar que si ambos tipos de procesamiento presentan características distintas, interactúan y se entremezclan permanentemente. Dependiendo del caso, habrá predominio del uno o del otro. Es muy difícil la emoción pura o la lógica pura.

Nuestra cultura, por puro aprendizaje social, privilegia la razón sobre la emoción, es decir, que el cerebro más joven y evolucionado ejerza control sobre el más antiguo.

El tratar de buscar explicaciones “lógicas” a nuestro afecto a veces nos coloca en callejones sin salida y nos perturba. En estos casos, los “porqués” deberían ser reemplazos por los “qué” (qué siento) y los “cómo” (como me siento).

Inclinar la balanza a favor del afecto positivo, buscando nivelar lo emocional y lo racional, no significa eliminar la razón, sino colocar el afecto en el sitio que se merece.

El sentimiento positivo si no es perjudicial para ti o para otros, no necesita explicaciones la gran mayoría de las reacciones afectivas agradable escapan a la razón, son difíciles e verbalizar y de explicar; sólo hay que sentir. Otra causa de la insensibilidad, distinta a los “porqués”

Quizás lo adecuado no sea buscar respuestas a las preguntas, sino saber hacer las preguntas.

Obviamente, la premisa no es, de ninguna manera, dejar de pensar y convertirte en un ser visceral para el resto de la vida.

Otra causa de la insensibilidad, distinta a los “porqués” y a la racionalización computacional, es la creencia de que “no debemos dejarnos llevar por las emociones ni perder el control, ya que es de mal gusto mostrar el lado flaco”.

Muchas personas se “olvidaron de sentir” por haberse enviciado al control.

La represión del sentimiento puede llegar hasta tal punto que el sujeto realmente cree no estar sintiendo nada.

Como resultado obvio, no estoy promulgando la impulsividad ciega e histérica de hablar duro, llorar a toda hora y reírse por nada.

Sentir, en el amplio sentido de la palabra, no es una enfermedad frente a la cual hay que crear inmunidad: es salud física o mental.

Es tan malo el descontrol desenfrenado como el control excesivo.

Puedes sentir lo que se te dé la gana, si no te hace daño y si esto te hace feliz, aunque a ciertos constipados emocionales no les agrade.

Es cierto que algunas emociones son desagradables y nefastas; pero, incluso en los casos donde se hace preciso modificar un sentimiento negativo patológico, el primer paso es aceptar y discriminar su existencia.

“Sentir”, como aquí está planteado, es una manera de investigar y explorar qué te gusta y qué no.

No les pongas tantos requisitos a tus emociones para aceptarlas. Ellas son parte de ti. Sentir es tu condición de ser vivo. Si las niegas o les temes, estarás perdiendo no sólo la capacidad de amarte a ti mismo sino de amar a otros. Aprende a convivir con ellas. Elige las que te convengan y desecha las que no te gusten. Tienes derecho a esta elección.

Un espíritu desinhibido y sin restricciones emocionales indudablemente favorecerá el desarrollo de una sensibilidad aguda y perceptiva, la cual a su vez mejorará la comunicación afectiva y la comprensión de los estados internos.

Si se aprende a disfrutar de la realidad, no es necesario alejarse de ella.
Las siguientes guías de acción pueden servirte para acercarte a un estilo de vida hedonista:

1. Saca tiempo para el disfrute

Tu momento de descanso, tu recreación y tus vacaciones no son un “desperdicio de tiempo”, sino una inversión para tu salud mental.

2. Decide vivir hedonistamente

Ser hedonista no es promulgar la vagancia, la irresponsabilidad o los hábitos o vicios que atenten contra tu salud. Es vivir intensamente y ejercer el derecho a sentirte bien.

3. Explora, busca, indaga

Una vez que decidas darle más importancia al principio del placer, debes comenzar a trabajar para sentirte bien. Tu principal arma es la exploración. No esperes a estar “totalmente seguro” para ensayar cosas nuevas. ¡Arriésgate!

4. No racionalices tanto las emociones agradables

La idea no es negar la importancia del pensamiento. De hecho, tu manera de pensar tiene influencia sobre el tono afectivo (agradabilidad o desagrabilidad) de tus sentimientos. El problema es que si intentas “explicarte” y comprender de manera permanente los sentimientos, los obstruyes irremediablemente.

Hay una tendencia clara a “ubicar” la emoción en categorías conceptuales, juicios de valor y opiniones. Es muy difícil lograr una imagen emocional desprovista de razón.

En definitiva, la mente y la emoción pueden estar juntas, y de hecho así lo hacen. Sin embargo, dependiendo de las situaciones, debe prevalecer una sobre otra. Por ejemplo, en tus decisiones de trabajo, la emoción debe dar paso al razonamiento concienzudo; pero cuando estás haciendo el amor, disfrutando de un paseo escuchando tu música favorita o pasándola bien, los juicios fríos y los “porqués” sobran.

Autoelogio
Una de las características más determinantes y distintivas de los humanos es, sin lugar a duda, la capacidad de reflexionar y pensar sobre uno mismo. Más aun, poseemos el don de ser conscientes de nuestra propia conciencia.

El diálogo interno comienza en la infancia y se desarrolla en la adolescencia. Alrededor de los cinco años, los niños estructuran e internalizan lo que los autores han llamado “lenguaje interno”. Este lenguaje, a medida que el niño crece, va ejerciendo cada vez más dominio sobre los estados emocionales y la conducta, permitiendo su control o liberación, dependiendo de las necesidades del sujeto.

Las autoverbalizaciones poseen la misma facultad de aquellas verbalizaciones que llegan de otros.

Las investigaciones en psicología clínica muestran que muchas patologías se caracterizan por un tipo especial de pensamiento.

Cuando tengas tus diálogos internos, en lo posible que sean positivos pero con una dosis de realismo.

El autoelogio es una manera de hablarte positivamente a ti mismo(a). Es una forma de contemplarte y de reconocer tus actuaciones adecuadas.

La auto estimulación puede ser más poderosa en sus efectos que la felicitación o el elogio que viene de afuera.

Debido a la absurda costumbre cultural de ver el auto castigo y la autocrítica de los comportamientos negativos como una mejor vía de aprendizaje que el auto reforzar las conductas positivas, se ha desarrollado el vicio de focalizar en lo malo.

Definitivamente, el quererse es sospechoso, es síntoma de narcisismo y de suficiencia. El amor dirigido a uno mismo es visto como “egolatría” y el amor dirigido a otros, como “altruismo”. Sin embargo, el quererse también puede ser visto como amor propio y como un acto de dignidad.

Las “razones” a las cuales se apela para negar el autoelogio son varias.

a) “No soy merecedor” o “no fue gran cosa” Típico de las personas que ven la modestia o la subestimación de los logros personales como un acto de entrega y humildad, a la manera de los grandes hidalgos.

b) “Era mi deber” o “era mi obligación” ¡tu principal deber es para contigo! Si tu diálogo interno es el de la obligación absoluta, no te sentirás con el derecho de elogiarte.

c) “Auto elogiarse es de mal gusto". El buen gusto comienza por casa. Auto elogiarse es una necesidad.


Elogios impersonales. Ampliamente fomentados por la cultura de los buenos modales y la etiqueta, son considerados signos de buena educación y diplomacia. Lo que se admira en estos casos son cosas materiales que posee la persona, sin hacer mención a ningún atributo personal y sin involucrarse uno. “Tu camisa es muy linda”, “Tienes una hermosa casa”. “Tu perfume huele muy bien”.

Elogios personales donde se involucra parcialmente a la persona a la cual va dirigido el elogio. “La camisa te queda bien”, “ese peinado te sienta muy bien”,

Elogios dirigidos a ciertas características de la persona. Aquí el compromiso del que dice el halago es mayor. “eres muy inteligente”, como puede verse, el elogio va dirigido a rasgos, valores, características físicas o habilidades do otras personas. Buscar qué cosas te gustan de ti, elógiate y, de paso, agradécete, como te agradecería cualquier persona que recibiera el halago.

Elogios dirigidos a características de la persona donde el dador del elogio se involucra. Muy pocas personas son capaces de dar este tipo de halagos sin sentirse ridículos, nerviosos o inseguros. Aquí el dador dice lo que le produce la persona. ¿Qué hacer para generar la sana costumbre de auto elogiarse? En primer lugar, debes conocerte a través de un procesamiento controlado, es decir, hacerte consciente de tu diálogo interno y repetirte el elogio que te corresponde cuando has alcanzado un logro.

El siguiente método te ayudará a adquirir la sana costumbre de auto elogiarte:
El primer paso consiste en hacerte consciente de cómo te tratas y de lo que te dices a ti mismo. Esto se logra llevando un registro detallado durante una o dos semanas, donde figure el comportamiento susceptible de autoelogio y lo que te dices después de realizarlo.

El segundo paso es estar pendiente, ya sin anotar, de cuando haces algo bien hecho para auto elogiarte. En las etapas iniciales, el autoelogio debe ser en voz alta (a solas) para que te puedas escuchar: “!eso estuvo bien!”, “!genial!”, etc.

El tercer paso consiste en auto administrarte el autoelogio en voz baja, hasta que se convierta en pensamiento.

El cuarto paso es ensayarlo bastante, para que a través de la práctica se afiance y se vuelva automático, como manejar un carro o escribir a máquina.

No lo malgastes. Auto elógiate cuando pienses que vale la pena.

El auto elogio es un arma poderosa que debes cuidar y no usar indiscriminadamente. No malogres su fuerza utilizándolo de manera ciega. Aplícalo a aquellas conductas que valgan la pena y que te hagan crecer como ser humano.

Auto recompensa
Es otra manera de auto expresarte el afecto. La auto recompensa es el proceso por el cual nos auto administramos estímulo positivos. Aunque parezca extraño, algo tan obvio y claro, intrínseco al ser humano, en nuestra cultura se vuelve confuso y enredado.

El culto al ahorro excesivo nos ha llevado a creer que todo aquello que no redunde en plata o en beneficios materiales es una mala inversión.

Irracionalmente, aceptamos convivir con cosas que no queremos o nos disgustan, simplemente porque nos sentimos culpables al salir de ellas.

El espíritu del ahorro es bueno si se hace con prudencia. Ahorrar no debe convertirse en un fin en sí mismo, sino en una actitud previsora.

Tu necesitas la auto recompensa. Al igual que el autoelogio, ella fortalece tu autoestima y no permite el auto castigo, el auto menosprecio y la insatisfacción. Evita que te vuelvas insensible a tus logros. Te enseña a auto expresarte, a ser detallista con tu propia persona y explícito con el propio auto reconocimiento. Tú no eres menos importante que tus amigos o que las otras personas.

Disponer de varias formas de auto recompensa es organizar un ambiente motivacional sano para tu salud mental.

El que sabe quererse deja su marca en todas las cosas. Su territorio esta “diseñado” por el.

No a los cultos
El culto a la habituación te impedirá innovar y descubrir otros mundos.

El culto a la racionalización te convertirá en una especie de computador.

El culto al autocontrol será un dique de contención a todas tus emociones y sentimientos.

El culto a la modestia te llevará a no valorar tus éxitos y esfuerzos.

El culto al ahorro te impedirá darte gustos.

Tal como dije antes, estas creencias no son malas en sí mismas, pero en altas dosis y llevadas al extremo son perjudiciales para tu salud mental.

Deja siempre un espacio para moverte. Que tu tradicionalismo permita algunos cambios, que tu modestia deje escapar un auto reconocimiento, que tu corteza cerebral deje de vez en cuando jugar a las emociones.

Date la libertad y un espacio para moverte, para poder amarte a ti mismo debes darte permisos de vez en cuando.

Sin embargo, estos permisos no deben ser nocivos para tu salud ni para las personas que te rodean. Si así fuera, ésa no sería una manera de quererte o querer a otros. Una filosofía sana, orientada al auto amor, es cuidarte por sobre todas las cosas y no producirte daños. Ningún padre prostituiría a una hija, ni daría drogas a un hijo.

Quererte a ti mismo es contemplarte, cuidarte y expresarte amor de manera responsable, buscando tu crecimiento personal y no tu ruina.

“No al adultísimo” significa reconocer que determinados valores inculcados por nuestra sociedad se han llevado demasiado lejos, y que su ponderación exagerada, en muchas ocasiones, impide fortalecer la autoestima.

HACIA UNA BUENA AUTOESTIMA
Como se vio en la primera parte, el auto concepto puede verse maltratado debido a la trampa de establecer metas irracionalmente altas y a una ambición desmedida.

Sin embargo, no exigirse es tan malo como sobre exigirse. El extremo opuesto lo constituyen aquellas personas cuyas metas son pobres, vacilantes e inseguras, que desfallecen ante el primer obstáculo y se muestran indecisas ante los problemas. Así como la autoexigencia desmedida destruye y castiga el ego, la falta de ambición impide un buen crecimiento del mismo. Los retos y los propios desafíos son el alimento principal con los cuales se nutre el auto concepto. si no posees metas o son demasiado diminutas, tu ego será raquítico y frágil. Si no enfrentas los problemas y no peleas para alcanzar tus metas, tu ego morirá de inanición o se atrofiará.

A la confianza y convicción de que es posible alcanzar los resultados esperados se la denomina auto eficacia. La baja auto eficacia te llevará a pensar que no eres capaz. Es básicamente una opinión afectiva de uno mismo.

La expectativa de éxito no solamente implica, como aparentemente podría pensarse, un análisis racional y frío de las posibilidades objetivas de éxito (expectativas de resultados), sino también la valoración sujetiva de qué tan capaz se siente el sujeto (expectativa de eficacia). Como cualquier creencia, esta última valoración es cuestión de fe y de confianza. La desconfianza en uno mismo barre con las capacidades y habilidades.

Si bien la resignación cumple una función adaptativa para nuestra especie, en el sentido de que nos lleva a economizar fuerzas en situaciones donde es inútil intentarlo, es sumamente nociva cuando se utiliza precipitada e irracionalmente.

Existen varias razones por las cuales las personas se ven a si mismas como incapaces y derrotadas. El control percibido o la percepción de la propia capacidad para modificar las contingencias inadecuadas e inconvenientes, se configura con base en las propias experiencias de éxitos o fracasos y en la manera de procesar esa información.

Las investigaciones en psicología indican que al menos tres factores parecen estar asociados a los problemas de auto eficacia.

La percepción de incontrolabilidad
La imposibilidad de modificar un evento aversivo desarrolla depresión y desconfianza en si mismo. De manera similar, una historia de fracasos que escapen al control del sujeto producirá la percepción de incapacidad, si no se sigue intentando el éxito. La experiencia de incontrolabilidad tiene un efecto demoledor sobre la conducta de lucha en personas poco persistentes

Una mala racha suele ser suficiente para generar sentimientos de inseguridad y depresión. De manera similar, si el fracaso se ve como ineludible, sobrevendrán sentimientos de ineficacia que podrán generalizarse a nuevas situaciones. El sujeto llegará a considerarse inepto para hallar la solución y aunque ésta se le presente como alternativa viable, la descarta por considerarse él mismo incompetente.

Afortunadamente, como veremos más adelante, este panorama desalentador puede modificarse si decides arriesgarte a enfrentar los problemas. Lo que jamás debes perder es tu capacidad de lucha. Hermann Hesse escribió: “para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

El punto control
A veces, el no intentar modificar los eventos nocivos y desagradables se debe a creencias culturalmente aprendidas.

Las personas pueden ser divididas en internas o externas, de acuerdo con el lugar donde ubiquen el control de su conducta. Las personas internas colocan el control de su conducta dentro de ellas mismas. Dirán que ellas guían su conducta y que son las principales responsables de lo que les ocurra. Asumen el destino, no como algo dado desde fuera, sino como algo que deben construir por su propio esfuerzo. No suelen echarle la culpa a otros de los que acontezca con su vida. Son personas seguras.

Por su parte, las personas externas creen que sobre su conducta operan una cantidad de eventos y causas que escapan de su control. Piensan que su comportamiento está gobernado por factores externos a ellas mismas, frente a los cuales no pueden hacer nada.

Suelen ser personas fatalistas y resignadas ante la adversidad. La mayoría de las veces, actuar con un punto de control extremo desemboca en una baja auto eficacia.

La posición que asuma cada uno frente al punto de control está regulada por los aprendizajes sociales, los modelos y el sistema de valores de los grupos familiares y culturales.

La propuesta no es descartar la fe sino ponerla al servicio de tu crecimiento personal. Las creencias deben servirte como fuente de motivación y empuje, no como frenos e impedimentos para alcanzar la felicidad por ti mismo.

Resumiendo, si la creencia de control que posees es externa, tu empeño en alcanzar las cosas que te interesan corren el peligro de debilitarse. Si tienes fe en algo o alguien, que sea un motor y una fuente de convicción de que eres capaz.

Los estilos atribucionales
Cuando estamos ante situaciones de éxito o fracaso, los humanos hacemos interpretaciones sobre las causas del porqué se dio el hecho en cuestión.

Los estilos atribucionales son las tendencias idiosincrásicas que utilizamos los humanos para explicar la propia conducta. O la ajena. Las personas que utilizan un estilo atribucional pesimista y negativo se sentirán responsables de los fracasos pero no de los éxitos. Por su parte, la gente que hace uso de un estilo atribucional racional, optimista y positivo, tenderá a evaluar la situación de manera objetiva y se hará responsable de los fracasos o los éxitos, si realmente es así. El estilo atribucional irracionalmente optimista es tan malo como el pesimista, debido a que el sujeto también distorsionará la realidad, se atribuirá todos los éxitos y le echará la culpa del propio fracaso a los demás. Su auto eficacia no crecerá adecuadamente si no que se inflará como un globo hasta reventar. Salvar la auto eficacia y el auto concepto a costillas de otro. O negando la verdad, no es una salida sana para tu integridad psicológica. Quererte a ti mismo es hacerlo, por sobre todas las cosas, de manera honesta.

Las tres causas mencionadas tiene algo en común: movilizan. Todas terminan disminuyendo la auto eficacia y afectando tus expectativas de éxitos.

Maquiavelo dice: “los fantasmas asustan más de lejos que de cerca”. Eso es verdad. La única manera de vencer el miedo es enfrentarlo. De igual modo. No hay otra forma de solucionar un problema que haciéndole frente. No obstante las ventajas del método, los humanos nos resistimos a pagar el costo de la superación. Optamos por el camino más fácil: el alivio que nos produce la evitación y la postergación.

Enfrentarse a cosas desagradables es incómodo, pero es el precio para modificarlas y vencerlas.

En los trastornos graves de pánico, está comprobado que la mejor estrategia terapéutica es la exposición a la fuente fóbica. En estos casos, cuando el sujeto se somete al miedo, la adrenalina se dispara y produce determinadas reacciones fisiológicas como taquicardia, sudor, cambios de temperaturas, náuseas, mareos, etc. Estas sensaciones son incómodas, pero después de un tiempo disminuyen, se agotan y el organismo se habitúa al objeto temido. Esto se denomina extinción del miedo.

Si quieres superar tus inseguridades, debes ponerte a prueba y exponerte. Debes arriesgarte y someter a contrastación las ideas que tienes de ti mismo. Si haces de la evitación una costumbre, nunca sabrás valorarte.

La baja auto eficacia produce efectos similares a los arriba mencionados. La desconfianza en si mismo genera un amplio repertorio de evitación.

Otra forma de evitación de las personas poco auto eficaces es imponerse metas pobres y resignarse a su suerte de mediocres. La autocompasión es un veneno que mata lentamente. La única opción para conocerte a ti mismo es arriesgarte y ponerte a prueba.

Para vencer la baja auto eficacia hay que actuar con valentía. No hay nada que no puedas lograr si te lo propones. Tu fuerza es siempre mayor de lo que crees.

Hay muchas ocasiones en que es bueno evitar. Lo que me parece difícil es definir cuándo es psicológicamente adecuada y cuándo no.

Es indudable que el escape y la evitación son las mejores opciones cuando el peligro, físico o psicológico, es objetiva y realmente dañino.

Si crees que no eres capaz y te tienes lástima, concédete la oportunidad de demostrarte a ti mismo lo que puedes hacer. El intento será incómodo al principio. Sentirás miedo, dolor y malestar, pero habrá en juego algo mucho más importante que tu estado fisiológico: tu auto concepto. la propia dignidad merece el “sacrificio”


Venciendo la baja auto eficacia
La auto eficacia es la “opinión afectiva” que se tiene sobre la posibilidad de alcanzar determinados resultados, es decir, la confianza de alcanzar las metas exitosamente. Las causas más comunes que contribuyen a que la auto eficacia baje son: ver las cosas como incontrolables. Creer que la propia conducta está regulada más por factores externos que por uno mismo(a), y utilizar un estilo atribucional donde siempre se es responsable de lo malo nunca de lo bueno.

Las siguientes estrategias te permitirán pelear contra la baja auto eficacia o conservarla en un punto adecuado.


1) elimina el “no soy capaz”
Si tratas mal y eres irrespetuoso contigo mismo, tu diálogo obrará como un freno. Respeta tu condición de ser humano; no te menoscabes. Cada vez que te encuentres rumiando el nefasto: “no soy capaz”, aléjalo y expúlsalo de tu mente. Detén el pensamiento, diciéndote: “para”. Cambia de actividad, habla por teléfono, escucha música, canta en voz alta y orienta tu diálogo positivamente.

2) No seas pesimista
Las personas con baja auto eficacia anticipan el futuro negativamente. Si ves venir el fracaso en cada una de tus actuaciones, ni siquiera te provocará intentarlo. Las profecías negativas suelen convertirse en realidad, porque nosotros mismos nos encargamos de se cumplan.

3) No seas fatalista
Eres el arquitecto de tu futuro. En una gran proporción, construyes tu destino. Por lo tanto, tienes el poder de modificar muchas cosas. No veas el mundo como aristotélicamente inmodificable. Quita de tu repertorio verbal la palabra “siempre”.

El pasado no te condena. De hecho, tu presente es el pasado de mañana. Si cambias en el aquí y el ahora, estarás contribuyendo de manera significativa a tu destino. Si haces demasiado hincapié en el azar y la suerte, tu auto eficacia no podrá crecer. Verás obstáculos insalvables por todas partes.


4) Trata de ser realista
Trata de funcionar privilegiando el punto de control interno, pero de manera realista. Se objetivo con tus éxitos y con tus fracasos. Responsabilízate con lo que realmente has tenido que ver.


5) No recuerdes sólo lo malo
La visión negativa de uno mismo se alimenta principalmente de los recuerdos. Si el esquema que tienes de ti es negativo, los recuerdos que llegarán a tu mente serán confirmatorios de este esquema.

Durante algunos minutos al día, intenta activar tu memoria positiva. Descubrirás la existencia de una gran cantidad de buena información acerca de ti mismo que habías olvidado.


6) Revisa tus metas
Si tu auto eficacia es baja, pecarás por defecto y no por exceso (como vimos en la parte de auto concepto). Te estarás subestimando y adaptando las metas a la supuesta incapacidad que percibes en ti mismo.

Revisa tus metas. Muy probablemente pueden estirarse un poco más y hacerse más exigentes, esto no significa que deban crecer exageradamente y de manera inmediata. El proceso lleva su tiempo.

Pregúntate cuántas de tus metas reflejan lo que realmente desearías hacer y cuantas se han adaptado a tu minusvalía psicológica. Cuestiónate qué tan resignado estás. ¿Tus metas actuales muestran confianza o desconfianza en ti mismo?


7) Ponte a prueba y arriésgate
Cuando decidas enfrentar tus miedos e inseguridades, los seis pasos anteriores te ayudarán a no distorsionar la realidad a favor del auto menosprecio. Si tu auto eficacia es baja, ¿Qué podrías perder al intentar nuevos retos?

Un plan que podrías proponerte es el siguiente:
a. Define un objetivo que exija esfuerzo. El objetivo deber ser racional, o con probabilidades razonables de éxitos.
b. Define tus expectativas de manera objetiva, clara y precisa, para que puedas después compararlas con los resultados obtenidos.
c. Antes y durante el enfrentamiento en si, no utilices verbalizaciones inhibitorias.
d. Ponte a prueba
e. Durante el enfrentamiento, no evites. Persiste el mayor tiempo que puedas ante los obstáculos.
f. Compara los resultados con las anticipaciones que habías escrito antes. Intenta descubrir si tus anticipaciones estuvieron guiadas por el fatalismo y/o el pesimismo.
g. Inténtalo de nuevo. Que tu meta aún sea la misma, pero modifica tus anticipaciones. Sé más realista en tus predicciones. Elimina las actitudes catastróficas.


A manera de epílogo
Los caminos para llegar al auto amor son incontables. Tu decides por cuál debes transitar, cuál te agrada y cuál no. Lo que jamás debes perder es la capacidad de búsqueda y de cuestionamiento. No hay verdades absolutas sino propuestas que deben ser ensayadas.

No existe LA SOLUCIÓN, sólo tendencias.

Ser avaro es nocivo para tu salud mental, entonces administra mejor tu dinero. Funcionar con un punto de control externo no es recomendable, entonces inclínate más hacia un punto de control interno.

La propuesta es: desplázate en el sentido contrario al que marcan muchas convenciones, sin caer en el otro extremo. Recuerda que el hombre de éxito en casi cualquier cosa es el que es capaz de caminar un kilómetro más de lo solicitado.

Las metas demasiado altas e inalcanzables son malas para tu auto concepto, pero las metas pobres también.